1. Caminar en la verdad

CAMINAR EN LA VERDAD

Envejecer con dignidad exige, antes que nada, «caminar en la verdad». No se puede vivir dignamente alimentando actitudes equivocadas, evitando la verdad o huyendo de nosotros mismos. Es la gran consigna de Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres? Los grupos de personas mayores (Vida Ascendente) han de ayudar a sus miembros a escuchar el evangelio para aprender a vivir esta última etapa de la vida evitando posturas equivocadas y descubriendo con hondura la verdad última de la vida.

1. Algunas posturas equivocadas

Para vivir la vejez con dignidad, es importante evitar algunas posturas equivocadas que son explicables cuando se llega a una edad avanzada, pero que son negativas y dañosas.

Señalaré las principales:

• Es un error no aceptar la realidad de la vejez. No querer asumir las limitaciones, el desgaste y las nuevas condiciones de vida propias de esta edad. Sólo quien acepta las tareas, las actividades adecuadas y el ritmo de vida propio del mayor puede vivir dignamente su vejez.

• Es también un error apegarse al pasado y vivir de la nostalgia: antes, todo era bueno; ahora, casi todo está mal. Para envejecer con dignidad es necesario aprender a vivir de manera positiva el momento actual, valorando todo lo que hay de bueno y valioso en nuestros tiempos. Quien no ama estos tiempos no puede envejecer bien y de manera sana.

• Es una postura equivocada encerrarse en uno mismo cayendo en el aislamiento y la incomunicación. La automarginación es uno de los grandes enemigos de una vejez sana. Si la persona se aísla de los demás, será muy difícil que viva sus últimos años de manera positiva y digna.

• Otro riesgo es caer en el endurecimiento. La persona mayor, al sentirse débil e insegura, puede tender a la autoafirmación, el endurecimiento, el dogmatismo o la intolerancia.
Lo sabe todo, «está de vuelta» de todo, nadie le puede enseñar nada. Es difícil que esa persona envejezca con dignidad: en esa vida falta amor y ternura, y sobra endurecimiento, amargura y condena de los demás.

• Es también un error huir de Dios. Llenar la vida de ocupaciones, actividades y diversiones para rehuir el encuentro con él. Es el riesgo de vivir una vejez frívola y superficial: estar siempre ocupado en algo, pasar de una cosa a otra, vivir distraído y entretenido para no entrar nunca dentro de sí mismo y escuchar con sinceridad la llamada de Dios.
Desde una perspectiva cristiana, no es posible envejecer con dignidad de espaldas a Dios.

2. La verdad del final

La última etapa de la vida puede ser la gran oportunidad para un encuentro vivo y gozoso con Dios. En el atardecer de la vida brotan fácilmente las preguntas sobre lo esencial: «Qué pronto ha pasado todo», «¿para qué he vivido?», «¿qué sentido le he dado a mi vida?», «¿cómo he caminado ante Dios?», «¿qué me espera ahora?», No tiene sentido engañamos por más tiempo. ¿Se puede envejecer con dignidad sin responder a estas preguntas?
Tal vez hemos pasado años bastante olvidados de Dios. Hemos trabajado mucho, hemos sacado adelante una familia, hemos sufrido y hemos gozado. Nos falta todavía algo importante para terminar bien nuestra peregrinación por este mundo: encontramos con un Dios
Amigo para culminar nuestra vida.
Para envejecer con dignidad, no basta organizamos bien la jubilación o aprender a vivir de manera inteligente, útil o divertida. Para el creyente es importante encontrarse con Dios.
La vida no ha terminado. También el final sigue siendo vida. Pero la Vida es más que esta vida que se va acabando. Al final de todo está
Dios. Él nos ha acompañado a lo largo de esta vida, lo hayamos reconocido o no. Ahora nos espera al final como el Dios grande, misericordioso y eterno, que sólo quiere para nosotros la vida plena.
Nada le puede ayudar más a un creyente a envejecer con dignidad que esta confianza grande en Dios. Lo decía san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti»,’ El creyente va avanzando en años teniendo ante sí, no el final de esta vida, sino el encuentro gozoso y definitivo con Dios. No se limita a envejecer, defendiéndose como sea de la pena, del desconsuelo y la amargura. Según van pasando los años, en su corazón creyente va creciendo el recuerdo, la necesidad y el deseo de Dios.
Esto es lo que le ayuda desde dentro a vivir con dignidad: «Yo siempre estaré contigo, tú agarras mi mano derecha, me guías según tus planes, y me llevas a un destino glorioso. ¿No te tengo a ti en el cielo? Y contigo, ¿qué me importa la tierra?”
Cuánto pueden contribuir los grupos de Vida Ascendente a ayudar a las personas mayores a evitar posturas equivocadas ante la vejez y cuánto pueden estimular para un encuentro más creyente con Dios.

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Un pensamiento sobre “1. Caminar en la verdad”

  1. Al pasar los años, en mi vida, he intentado buscar “algo sobre la vejez” y nada he encontrado que para mi mereciera la pena. Ahora he encontrado esto que me ha hecho reflexionar y estoy agradecida.
    Un saludo

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