10. El coraje de ser viejo

Queridos hombres y mujeres de esa edad de la fruta madura:

¿Os asusta la palabra coraje? No tiene por qué asustaros. Al fin y al cabo, cada etapa de la vida requiere el coraje de vivir y vivirla a fondo.
Los jóvenes necesitan el coraje de afrontar su juventud y vivirla de verdad.
Los adultos necesitan el coraje de afrontar los años de la madurez y vivir como hombres y mujeres maduros. La madurez supone mucha firmeza y esfuerzo.
Y ustedes los ancianos, ¿no van a tener el coraje de vivir con gozo, con alegría y con valentía esos años del atardecer de la vida?

Muchos se imaginan que el sol se debilita al atardecer y eso no es cierto. Lo que sucede es que la tierra gira y le va dando las espaldas al sol y comienza el crepúsculo. Pero ese mismo sol sigue brillando en otras partes. Sigue siendo el mismo sol.
Algo parecido acontece a vuestra edad. Algo así como si la vida fuese perdiendo vigor y energía. Lo que sucede es que la tierra de nuestro cuerpo va también dando sus vueltecitas y los achaques dieran la impresión de debilidad.

Si hay que tener el coraje de vivir la juventud y la edad madura, el mismo coraje se necesita para vivir la ancianidad.
Se necesita coraje para reconocerse como anciano, sin maquillajes inútiles.
Se necesita coraje para aceptarse como anciano, sin ponerles parches a los años.
Se necesita coraje para aceptar que uno ya dejó lejos los veinticinco.
Se necesita coraje para aceptar que uno ya no es lo que era, o que al menos ya no cuentan con él como antes.
Se necesita coraje para aceptar las propias limitaciones y que ya muchas cosas no podemos hacerlas.
Se necesita coraje para sonreír a los años que llevamos encima.
Se necesita coraje para sonreír a los que todavía están en plena forma.
Se necesita coraje para amar la ancianidad como amábamos el ser jóvenes.
Se necesita coraje para disfrutar de la felicidad del atardecer de la vida, como disfrutamos del atardecer primaveral cada día.

Podemos perder muchas de nuestras facultades o al menos sentir que están disminuidas. Pero lo que no podemos es perder la alegría de vivir, la alegría de tantos años de vida y de todo lo que hemos ido dejando sembrado por el camino.

No. La ancianidad no es una etapa de debilidad solamente. Es la etapa del coraje y, por qué no decirlo, también la etapa de la serena tranquilidad y del disfrute gozoso de los años que nos quedan por delante.

Vuestro amigo y hermano

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