11. Aprender a ser débil

Toda la vida nos enseñan a ser fuertes. Por eso nos resistimos a ser débiles, pero hay una etapa en la vida que está marcada por la debilidad:
La debilidad física, el cuerpo ya no responde como antes.
La debilidad sicológica, tampoco nuestros sentimientos reaccionan como antes.
La debilidad laboral, muchas cosas que hacíamos ya no podemos hacerlas.
La debilidad existencial, ya nuestro “plan vital” no funciona como funcionaba.

En la vejez o ancianidad sentimos que tenemos luz, pero que no alumbramos como antes. Todavía la mecha tiene una llamita, pero sentimos que ese resplandor ya no alumbra tanto.
El árbol tiene todavía muchas ramas verdes, pero no puede ocultar ya sus viejos troncos secos.

Saber aceptarse así, en ese mundo de lo débil, no resulta fácil, cuando toda la vida hemos hecho alarde de fortaleza, vitalidad y valentía, además, somos conscientes de que los demás nos han valorado precisamente por ese energía capaz de mover el mundo.

Sin embargo, esa edad de lo débil es una realidad. Tan real como la debilidad del niño que lo necesita todo y depende de todos. El niño no vive amargado de su debilidad. Igualmente el anciano necesita de una nueva sicología y de una nueva mentalidad para aceptarse en esas condiciones de deficiencias y como el niño vivir gozosamente su debilidad.

El niño no necesita aprender a ser débil, porque nació débil y no sabe todavía lo que es ser fuerte, pero el anciano ha vivido demasiados años con la conciencia de fuerte y valeroso. Ahora tiene que cambiar de partitura. Una especie de pasar de la gran Orquesta Sinfónica a la Orquesta de Cámara. ¿Acaso la Orquesta de Cámara es menos armoniosa que la Sinfónica? Se trata de una música diferente, pero igualmente sonora y armoniosa.

Algo parecido les acontece a los ancianos. Cuando veo a un anciano que fue toda una personalidad, ahora en silla de ruedas llevado por una empleada y lo veo sonriente y alegre, me admiro no de su valentía y de su fortaleza, sino de la plenitud de vida que hay en él.

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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