13. Bazilai, el anciano

Queridos ancianos:

Ya sé. No es un nombre que os suene mucho. Hasta es posible que nunca lo hayáis escuchado. Para quien quiera mayores detalles sobre él, puede leer el Segundo Libro de Samuel 19,32-38.

Durante algún tiempo era el proveedor real mientras David residía en Los Castros. Cuando David regresó a Jerusalén quiso llevarlo consigo, pero Barzilay le dijo: “¿Cuántos pueden ser los años que me quedan de vida, para que suba a Jerusalén con el rey? Tengo ochenta años. ¿Puedo distinguir lo bueno de lo malo? ¿Saborea tu siervo lo que come y bebe? ¿O puedo escuchar aún la voz de cantores y cantoras? ¿Para qué va a ser tu siervo una carga más para el rey, mi señor? Tu siervo acompañará un poco al rey, pasado el Jordán. Pero ¿por qué me va a dar el rey tal recompensa? Deja regresar a tu siervo y que pueda morir en mi ciudad, junto a la tumba de mis padres.”

Un estupendo modelo de vivir y aceptar la ancianidad. Ante todo, ser realista con él mismo. Reconocer que los ochenta años no son veinticinco. Aceptar la edad con sus propias limitaciones y no pretender vivir la vida al revés. Hay que vivir los años como vienen.

En segundo lugar, reconoce que los años, ya han creado en él una serie de limitaciones: ya no tiene el paladar de los años mozos, ni su oído le permite escuchar la música de las cantoras. Los años le están dejando sordo o al menos corto de oído.

En tercer lugar, no es de los que se amarga porque ya no puede ciertas cosas. Gustoso acepta sus limitaciones y las hace suyas como compañeras de la vida.

Y algo fundamental, no protesta contra la comida ni la bebida. Ni protesta contra la música que no escucha. Reconoce valientemente que la culpa no la tiene la comida, ni la música, ni las cantoras. La culpa la tiene él que ya no es lo que fue. La culpa es suya y no de los demás.

Toda una bella esperanza para mis amigos de la tercera o cuarta edad. La vida sigue siendo tan bonita como antes, pero nuestra capacidad de percibirla es otra. Es más limitada. ¿Para qué protestar contra el pan si la culpa de no poder comerlo está en que ya no tengo dientes?

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Materiales Litúrgicos y Catequéticos

A %d blogueros les gusta esto: