Si quieres ver gente desperdigada, id por las iglesias

IGLESIAS CON POCA GENTE EN NAVIDAD. 25/12/2016 FOTO: STIVEN VALECILLOS

La nueva forma de ver se oponía a la manera tradicional de hacer las cosas.
No obstante, las dificultades que entonces veía, continuo viéndolas ahora todavía. Me siento como forastero en un pueblo en el que la mayoría no va a misa. Sigue leyendo Si quieres ver gente desperdigada, id por las iglesias

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La felicidad no está en venta

Como hoy todo se vende y todo se compra, uno también se imagina que puede comprar la felicidad, pero la felicidad ni está en venta ni se puede comprar. Hay tiendas donde se vende de todo y a todos los precios. Aún no he visto ninguna que venda la felicidad. Dicen que Dios puso una tienda con el título de “Se vende la felicidad”. Inmediatamente la gente acudió, pero se llevó una desilusión. A cada cliente, Dios le ponía en sus manos unos granos. ¡Nos has engañado! Decían algunos. Otros: “¡Así es la publicidad!” Hasta que Dios levantó la voz diciendo: “Aquí no se vende la felicidad sino las semillas de la felicidad”. Sigue leyendo La felicidad no está en venta

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¿En qué se nota que soy hijo de Dios?

Los hijos de Dios se notan fácilmente. Tienen un encanto especial. Son alegres y acogedores. No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de cualquier tipo. Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más duros o más humildes. Son sinceros y responsables. No tienen miedo o saben vencer el miedo. No se echan para atrás. Son colaboradores, participativos, imaginativos. Siempre hombres de esperanza, positivos. Y son especialmente amistosos y pacificadores cálidos y cercanos, personas de toda confianza. Sigue leyendo ¿En qué se nota que soy hijo de Dios?

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No te canses de comenzar

Con frecuencia nos cansamos de comenzar.
Y es una pena porque es renunciar a lograr lo que un día soñaste.

En primavera fui testigo de la obra de unos pajaritos.
Un día los sorprendí haciendo el nido en un limonero.
Daba gusto verlos bajar por sus pajitas y subirlas y armar el nido. Pero vino un día el vecino quiso arreglar un poco el limonero y el nido se vino abajo. Sentí pena, pero a los pocos días observé que ya habían encontrado otro lugar y comenzaron a hacer de nuevo su nido. Sigue leyendo No te canses de comenzar

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