El nuevo templo

Templo de DiosLa segunda lectura del Apocalipsis, de este domingo, nos habla de la nueva Jerusalén del cielo. Habla de muchas cosas: de su belleza, de su seguridad, pero dice que allí “no vio templo alguno”. Porque el verdadero templo del cielo será la presencia misma de Dios.

El Evangelio, si bien no habla del templo, sí habla de los “nuevos templos”. Porque nos habla de la nueva presencia de Dios en medio de nosotros. “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.”Los nuevos templos de Dios, después de la Resurrección, ya no serán tanto los templos de cemente o ladrillo, sino el corazón de cada hombre “que ama a Dios y guarda su palabra”.

Se habla mucho de la presencia de Dios en los Sagrarios y es cierto que allí está sacramentalmente. Además se habla de las Iglesias-templos, muchos de ellos de gran belleza arquitectónica. ¿No nos estaremos olvidando de los verdaderos templos donde habita de verdad Dios hoy? Esos templos que, con frecuencia, tienen una pobre apariencia, pero que en realidad están más habitados que los mismos templos de piedra y cemento. El corazón de cada hombre. El corazón de cada creyente. De estos templos hablamos poco o casi nada. Ya Pablo hacía alusión a este olvido cuando decía enfáticamente: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo?”

En su despedida, Jesús habla de esa novedad del templo. Ya no será el de Jerusalén, centro del culto hasta entonces. Jesús hará alusión a esos nuevos templos que serán las nuevas moradas de Dios en medio de nosotros. “Haremos morada en él.”

La Resurrección no sólo nos habla de una nueva manera de ser de Jesús, sino también de una nueva manera de hacerse presente en medio de nosotros. Esa es la realidad pascual de cada uno de nosotros. Nosotros somos esos templos donde habita, mora y se hace presente Dios. No importa si nuestras paredes son de cemento o de barro. Con grandes cuadros y paredes vacías. Lo importante es que “amamos y guardamos su palabra”.

El problema está en si nosotros reconocemos esos templos y si nos acercamos a ellos con la misma reverencia que cuando vamos a la Iglesia. ¿Sabes cuántos templos hay en tu casa? ¿Cuántos templos hay en la calle?

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