Cercas o puentes

puente 2Eran dos hermanos; hermanos para los buenos y los malos momentos. Jugaban juntos durante la infancia, frecuentaban la misma escuela, la misma iglesia y las mismas fiestas. Se enamoraron y se casaron con dos hermanas y se instalaron en haciendas cercanas. Vinieron los hijos, y las dos familias eran una sola familia, las dos haciendas, una sola hacienda. Apadrinaron cada uno al primer hijo del otro. La armonía era perfecta y las dos haciendas prosperaron. Como símbolo de la plenitud y de la felicidad un riachuelo unía las dos propiedades.

Un día hubo una desavenencia entre ellos. Algo insignificante.

Pero no consiguieron ponerse de acuerdo y la amistad de tantos años desapareció; con ella se perdió también la alegría. Ya nada tenía sentido, más que el odio recíproco entre los hermanos. Y el resentimiento se apoderó del corazón de todos, sin respetar hermanos, cuñadas, sobrinos, padrinos y ahijados.

Una mañana, un carpintero llamó a la puerta con una caja de herramientas en la mano. Iba en busca de empleo. El hacendado le dijo que tenía trabajo para muchos días: «¿Ve aquella hacienda más allá del arroyo? Es de mi vecino, o mejor dicho, del más joven de mis hermanos. Hemos reñido y no puedo soportarlo. ¿Ve aquella leñera y los rollos de alambre que están en el granero?

Quiero que construya una cerca bien alta a lo largo del río para que no tenga que volver a verlo. En el granero hay también clavos, martillo y todo el material necesario».

Puesto que tenía que ir a la ciudad, el hermano mayor ayudó al carpintero a encontrar el material, le dio instrucciones precisas sobre la dirección y altura de la cerca y se marchó. Cuando regresó, al anochecer, encontró al carpintero delante de la casa. Sorprendentemente, había terminado el trabajo. El hacendado se puso rabioso: «¡Es usted un insolente! Le mandé construir una cerca y me ha edificado un puente.. .».

Todavía estaba enfurecido contra el carpintero cuando vio a su joven hermano, sonriente, con los brazos abiertos atravesando el puente y clamando: «Hermano, había esperado desde hace mucho tiempo este día…». Y después de un instante de vacilación, los hermanos se abrazaron y las lágrimas que brotaron de sus ojos redujeron poco a poco el resentimiento de tantos años. Después vinieron las esposas y los hijos, y las lágrimas purificaron aquel recíproco acto de reconciliación. El hermano mayor, emocionado, le pidió al carpintero, que se estaba marchando: «Espere, quédese con nosotros, quédese a la fiesta de la reconciliación». Pero el carpintero le dijo: «Me gustaría quedarme, pero tengo que construir otros muchos puentes…».

Nuestro mundo tiene demasiadas cercas y muy pocos puentes. Rupturas, incomprensiones, malentendidos… Las ofensas tienden a perpetuarse entre hermanos, familias, comunidades, naciones. . . Con el pasar de los años, la separación aumenta y se van construyendo nuevas cercas. Y con las cercas desaparece la alegría de vivir. Muchas veces esas rupturas se hacen definitivas.

Es preciso que alguien tome la iniciativa de construir un puente. ¿Quién? No importa quién sea el culpable, quién comenzó la desavenencia. La responsabilidad de construir el puente es de todos. La iniciativa será, desde luego, del más inteligente. 

Para reflexionar:
. En tus relaciones familiares o comunitarias, ¿dónde están las cercas?
. ¿Cómo proceder para construir puentes?

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