7. Aceptarse a uno mismo

Queridos ancianos:

Tenemos que ser honestos con nosotros mismos. Podemos engañar a los demás, pero difícilmente nos podemos engañar a nosotros mismos. Uno puede hacer arreglos a sus arrugas y disimularlas, pero siempre terminamos viéndonos en el espejo… y el espejo no nos engaña.
El niño debe ser honesto y sincero consigo mismo, y reconocerse como niño. Nos reiríamos del niño que pretenda presentarse como un adulto, como también nos reiríamos del adulto que quiera pasar como un niño. Nuestra verdad es ser lo que somos y aceptarnos como somos.
Cada etapa de la vida tiene sus propias cualidades y también sus propias carencias. La ancianidad, con todo lo que tiene de bello y hermoso, también tiene sus propias lagunas. Nosotros hemos de aceptarnos con esas deficiencias inherentes a los años. Citemos algunas de ellas:
Los años nos hacen perder el humor. Esto es evidente. Ya no tenemos aquella algarabía de sentimientos dentro de nosotros mismos y todo nos molesta. Es que somos más hipersensibles a los ruidos y a los fastidios. Un amigo mío me solía decir: “Mira, no me fastidia el hacerme viejo, lo que me revienta es que cuanto más viejo soy, más cascarrabias soy.”
Los años nos hacen perder nuestras fuerzas. Hay adultos mayores que se imaginan que tienen veinticinco años, pero esos años han quedado muy lejos, casi son puro recuerdo. Uno de esos campos suele ser la sexualidad, nos cuesta aceptar que ya la primavera sexual se fue. Lo lógico es vivir la sexualidad que nos corresponde y no pretender ni amargarse de que ya no somos lo que fuimos.
Los años limitan de nuestras posibilidades. Quisiéramos hacer lo que hacíamos, pero ni los pies nos responden, ni las manos, ni las energías. Que no, amigos, que tampoco el niño puede hacer lo de un adulto. Ni los entraditos en años, vamos a trabajar como lo hacíamos antes.
Reconocer nuestras limitaciones y aceptarlas con gusto es una de las maneras más humanas de no dejar que nos aplasten y nos hundan. Para qué engañarnos, el engaño no nos hace mejores. Al contrario, es crear mayores tensiones dentro de nosotros entre lo que somos y lo que fuimos, entre lo que hicimos y lo que hacemos, entre lo que podíamos y lo que podemos.
Vivir en nuestra verdad es una de las maneras de hacernos y sentirnos libres para no vivir amargados y en enemistad con nuestros añitos.

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