Abuelos ¡qué falta nos hacéis!

Queridos ancianos:MATRIMONIO  ANCIANOS

Recuerdo haber leído, no sé dónde, que en una nación europea, allá por la primera mitad del siglo XX, emprendió una cerrada lucha contra los gorriones. Se comían todos los trigales. Eran una peste. Pasaron algunos años y tuvieron que repoblar de nuevo los campos con gorriones. Se habían olvidado de que, además de comer las espigas de trigo, los gorriones se comían cantidad de otros insectos dañinos para las cosechas.

No todo lo que parece inútil o fastidioso lo es tanto. Los gorriones fastidiaban, claro que sí, pero también hacían muchísimo bien a los trigales. Digamos que no comían de balde. Una cosa por otra.

Nuestra sociedad dominada por el “hacer”, el “producir”, el “ser rentable”, tiene el peligro de minusvalorar a los ancianos ya jubilados del trabajo, que ya no salen de casa, y se convierten en una carga improductiva para la familia. Pero es posible que si eliminamos a los ancianos, como a los gorriones, terminemos dándonos cuenta del gran bien que significa en casa.

Uno de los problemas de la familia hoy, es que se ha convertido en eso que llamamos ¡la familia nuclear”, la “familia esposo, esposa y dos hijos”. En esa familia, los padres ancianos tienen poca cabida. Mejor dicho ya no caben. Y hemos privado a las familias de uno de sus elementos estabilizadores.

Las consecuencias ya se comienzan a percibir. Pero las notaremos más claramente en adelante.
Los primeros en experimentar estas carencias van a ser los mismos esposos. Sí, se han liberado de una carga, pero también carecen de un peso de equilibrio en sus mismas relaciones. La presencia de los viejos, aún sin hacer nada, imponen una cierta seriedad y un ambiente de calma, necesarios para la misma armonía de la pareja. E incluso son como una especie de fuerza equilibrante en las tensiones y en la misma visión de la realidad conyugal.

Los segundos que experimentarán la ausencia de los “viejos” son ciertamente los nietos. Hay un cariño que no pueden dar los padres. Y hay un espacio de adecuación necesaria, que sólo pueden llenar los abuelos. Hasta me atrevería a decir que los niños se sienten demasiado amenazados por los padres, cuando carecen de los abuelos a su lado.

Y algo fundamental, los niños miran al futuro, pero necesitan también del apoyo del pasado. De ordinario, los padres son el presente, los abuelos son el pasado, y los niños son el futuro. Cualquiera de esas etapas es igualmente necesaria. Presente sin pasado, es un hoy sin raíces. Un futuro sin hoy no tiene comienzo. Y un hoy sin mañana termina siendo una noche sin amanecer.

Los ancianos, no son inútiles. Ocupan su propio espacio. No invaden el espacio de nadie. Ocupan el suyo. Y nada más.

Y si ya pasamos al plano de la fe, ¡qué falta nos están haciendo los ancianos! Los padres, sobre todo los padres jóvenes, son parte de la crisis de fe en la familia. Por ahí comienza a romperse la línea transmisora de la fe de la familia. Muchos de vuestros hijos e hijas han dejado de ser esa cadena trasmisora de la fe…
Los ancianos, aún pertenecéis a la generación anterior a la crisis, sois los que, de alguna manera, suplís las carencias de los padres en la educación de los sentimientos religiosos de los nietos.

Con frecuencia observo que son los ancianos los que acompañan a los pocos niños y niñas que vienen a la misa del domingo. En una ocasión le preguntaba a una niña ¿quién la había traído a la misa? Y con la mayor naturalidad me respondió: “El abuelo y la abuela. Papá trabaja mucho y los domingos descansa y por eso no viene a Misa.”

Un niño de once años que está sin bautizar vino un día a Misa traído por la abuela. Le gustó la Misa. Al salir le dice: “Abuela, qué bonita estuvo la misa. Pero sabes, yo no puedo comulgar porque no estoy bautizado. ¿Podría bautizarme sin que se enteren mis papás? ¿No le podrías decir al sacerdote si me puede bautizar?.”

Muchos de los niños que vienen a catequesis y saben rezar alguna oración… Cuando les preguntas quién les enseñó a rezar… Mi abuela…

Ya veis, aquí los ancianos no sois un estorbo, al contrario, sois como una especie de baypass, llamados a suplir toda una serie de carencias por parte de los padres. Por eso, cuanto más vamos aislando a los niños de los viejos, tanto más los estamos desprotegiendo de tantas deficiencias y carencias por parte de los padres.

Sí, os necesitamos. No creáis a quienes os consideren un estorbo. Creer en vosotros mismos y en que vuestra misión aún no ha terminado en la familia. No solo sois útiles, sois necesarios. Hace unos meses, murió el abuelo de una familia conocida mía. Muchas veces les había escuchado decir: “El abuelo es un problema en casa.” Pasados unos días, me comentaban: “¡Qué vacío ha dejado el abuelo! Sentimos como si la casa estuviese vacía. Él llenaba mucho espacio, que ahora nadie ocupa…
¡Qué pena que se nos tengan que morir los seres que queremos para darnos cuenta de lo importantes que son en nuestras vidas y en nuestras familias!

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