Barreras en la cabeza

Barreras intelectualesLo de siempre. Las cabezas infladas de saber, ya lo saben todo. No necesitan de nada. Nadie tiene nada que enseñarles. Ni Dios tiene nada que decirles porque la ciencia ya se lo ha dicho todo. En 1955 el filósofo francés Raymond Aron escribió un ensayo titulado «El opio de los intelectuales». Mientras el marxismo científico de Marx calificaba a la religión como «el opio del pueblo», Raymond califica el agnosticismo y la intoxicación marxista como «el opio de los intelectuales». Si el pueblo, según ellos decían, vivía dopado por el misterio de la fe que le impedía explicar científicamente la sociedad, los intelectuales agnósticos vivían con una inteligencia dorada por su propio materialismo, que los cerraba a toda experiencia del espíritu.
¿No habrá también hoy demasiadas inteligencias dopadas de agnosticismo, de materialismo, de ciencia? Hoy todo lo justificamos con la ciencia o, mejor dicho, con lo que nosotros queremos llamar ciencia y marginamos la fe como fuente de conocimiento y fuente de verdad. Tenemos miedo a creer, a abrirnos a la verdad revelada, que es la otra dimensión de la verdad a la que la ciencia humana no puede llegar. Se busca incompatibilidades entre ciencia y razón, donde en realidad lo único que hay es ignorancia de la fe y no pocas veces, reduccionismos científicos.
Jesús se encontró con esos científicos de la religión, dopados también ellos por sus propias convicciones y cerrados a la buena noticia del Reino. También, se encontró con esa gente simple del pueblo, la única que no está dopada de prejuicios ni de soberbia intelectual, esa gente hecha de una sola pieza, que abría su corazón a las llamadas de Dios. «Gracias, Padre, porque has ocultado todo esto a los sabios y los prudentes intelectuales, pero se lo has revelado a los pequeños.»
Ante el Evangelio, uno siente la tentación de gritar: ¡Qué pequeños son los grandes! ¡Qué grandes son los pequeños! ¡Qué poco saben los que saben y cuánto saben los que no saben! Los sabios tienen la ciencia de los libros, pero la gente sencilla tiene la sabiduría de la vida.

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Un pensamiento sobre “Barreras en la cabeza”

  1. Juan Jauregi.Lo encontré en RELIGION DIGITAL. aquí lo veo más livre diciendo siempre el Evangelio de Cristo,de gracia, sin atacar, ni procura nada personal, se lo vuelvo a agradecer.Es una mina…..

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