Bendición de la cena de Nochebuena

Mejor apagar las luces de la sala y quedarse con luces de velas. Tienes en las manos un Niño Jesús, a ser posible grande. Si lo que sigue te sale “de corrido”, no lo leas. Si lo lees, pues lo lees. Eres la Matriarca y todo se te consiente. Al hacer esta oración me he imaginado que eres la MATRIARCA de una familia y que por eso te puedes permitir cosas que nadie más se puede permitir. Acorta lo que quieras. Quizá solo te valga como idea para hacer “lo tuyo y a tu medida”.

Introducción

Quiero que sepáis que estoy contenta en esta reunión familiar distinta de todas, porque hoy es Nochebuena.
Con gusto, con cariño, con ilusión he deseado este momento.
Quiero que sepáis que os quiero.
Quiero que sepáis que esta noche tiene algo muy especial para mí.
Y quiero que sepáis que esta noche, además de familiar, para mí es religiosa, esta preñada de divinidad.
A mí Dios me dice algo. Y esta noche más.
Sólo quiero que lo sepáis, aunque ya lo sabéis.
Pero hay cosas que hay que decirlas muchas veces.
Esta noche toca decir tantas cosas que ya sabéis.
Es noche familiar y de intimidad.
Esta noche os digo todo el amor que os tengo y os doy gracias por todo el amor que me dais.

Bendiciones de la mesa

A) Bendigo esta mesa de Nochebuena.
Recuerdo a los que nos faltan (Breve silencio)
Bendigo a Dios que hoy viene a nosotros.
Te bendigo a ti, querido esposo N____
Te bendigo a ti… (ir nombrando a cada hijo)
Os bendigo a vosotros… (abuelos presentes y demás familiares)
Pido al Niño Jesús (hacer la cruz con el Niño al decir esto)
que nos bendiga,
que bendiga a los solos, a los…
y bendiga los alimentos que con cariño están preparados. Amén.

B) Bendice, Señor, nuestra mesa de Nochebuena.
Por una noche, al menos,
deseamos que el mundo sea una gran familia,
sin guerras, sin miseria, sin drogas y sin hambre.
Sin refugiados de ningún color.
Con algo más de música y alegría
y mucha más justicia y solidaridad.
Que nuestra casa, Jesús recién nacido,
acoja tu palabra de amor y de perdón,
de misericordia y benignidad.
¡Que sea la casa de todos!
De todas las mujeres.
De todos los hombres.
De todos los niños.
Sí, ¡de todos los niños!.
Consérvanos unidos.
Danos pan y trabajo durante todo el año.
Danos fuerza y ternura,
para ser personas abiertas y justas,
que luchen, sin cansancios ni desaliento
por un mundo donde haya buenos días
y muchas noches-buenas, como ésta
en que quisiste poner tu tienda entre nosotros.
Tú serás bienvenido, Señor,
siempre a esta casa,
hasta que nos reúnas en la tuya,
al final,
a todos los hombres y mujeres del mundo,
en la alegría inagotable de tu cielo
en el gozo crecido de tu reino sin fin.
Así sea.

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