Carta a Dios al terminar el Adviento

Querido Dios:Adviento 5

Te escribo desde el planeta Tierra. Estoy oyendo hablar de que vas a venir, de que es Adviento, y se me ha ocurrido ponerte cuatro letras para informarte sobre el lío en que te vas a meter. Tú verás lo que haces. Ya me perdonarás si acentúo un poco las tintas negras… Recibirás otras cartas, espero, que equilibren mi visión.
Lo primero de todo es preguntarte por qué vienes, quién te ha pedido que vengas… No creo que haya salido de los humanos esta idea. Si es cosa tuya, te admiro. Debes estar muy admirado de nosotros. Oye, saber que alguien se acuerda de nosotros tanto es como para sorprenderse… De paso, se te agradece la idea… Ya sé que para el amor no hay razones. Para el amor la única razón es el amor.
Yo, Dios, no digo que no haya gente que te espera y que suspira por ti. Pero son los menos. No te creas que te vas a encontrar con muchos «esperadores». Aquí, Dios, tú interesas poco. Has pasado a segundo lugar, mejor, estás «pasado de moda». Se puede vivir sin ti y no pasa nada. ¿Para qué tener un compromiso con Dios si se puede vivir sin Dios tan ricamente? Dicen por aquí que creer en ti es ser un poco trasnochado. La gente de la Tierra no te necesita, Dios; lo que necesita y por lo que se despelleja es por trabajo, dinero, salud, pasarlo lo mejor posible, subir un poco más, tener un poco más y… poco más. Con este panorama, Dios, ¿qué vas a hacer entre nosotros? ¿Qué musiquilla celestial nos vas a tocar? ¡Que estamos en otra onda! Me imagino que te vas a llevar un gran chasco. No sé si no te arrepentirás de esta «idea» que se te ha ocurrido.
Bueno, y no te cuento los líos que tenemos montados de conflictos, de guerras, de olvidos de la gente pobre… Es cierto que hay personas que están muy sensibilizadas y trabajan lo que pueden y dan todo lo que tienen por ayudar a los más desfavorecidos. Todos los esfuerzos son pocos. Hay más millones que lo pasan más mal que bien. Eso dicen.
Como opinión particular, hay una cosa que me llama la atención: no logro comprender cómo unos humanos juegan y explotan tanto a otros. El «bolsillo» y el placer de unos hace a otros esclavos, pobres y «juguetes». No lo entiendo Dios. Cuando tenemos algún momento de lucidez, hasta nos decimos: ¡Pero dónde vamos a llegar! ¡Qué horror!
He exagerado un poco, pero que conste que es verdad todo lo que te digo. Y, en el fondo, el corazón de los humanos sigue vacío, buscando, insaciable… Tenemos tanto que hacer, que lo esencial, ser personas y querernos, no lo hacemos. Vamos a ritmo tan acelerado que no nos damos tiempo ni para aprender a amar, ni para saber esperar y perdonar. Rompemos con facilidad fidelidades.
Bueno, en algún rincón encontrarás gente maja. Te acogerán muy bien, junto a la mula y el buey… Donde hay riqueza y lo que cuenta es «pasarlo como dios», tendrás menos sitio. Su dios son las cosas que tienen. No te necesitan. Donde no hay, te harán un hueco enseguida… ¡Cosas de este planeta Tierra!
Nada más. Que conste que me alegro de que vengas. Tendremos que mirar menos al cielo si tú estás en la Tierra… aunque no sé si te reconoceré… ¿Cómo sé yo dónde vas a estar? ¿Dónde vas a dar conferencias? ¿A qué hora? Si no nos dices con claridad estas cosas, ¿te crees que vas a tener mucho público? ¡No sabes la cantidad de dioses que últimamente se anuncian…! Nos sobran, pasamos de ellos y nos vienen a montones… ¿Cómo te reconoceremos como el Dios verdadero?
Espero que enciendas alguna estrellita para seguirla y poderte encontrar…
En el fondo, que sepas que tengo ganas de ti y de encontrarte, aunque lo disimule… ¡Anda, guíñame el ojo, que te necesito, aunque no lo grite muy alto!
Un abrazo a ti y a toda la familia celestial. Juan.

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Un pensamiento sobre “Carta a Dios al terminar el Adviento”

  1. En verdad llevas mucha razon Juan, mi corazon siente pena cuando veo la poca necesidad que tenemos de Dios, y mas lo poco que agradecemos todo lo que el nos da. Creo que no nos esforzamos en saborear bien la vida que hemos recibido como don, olvidando que caminamos hasta El. (A pesar de todo,es tan bueno,que siempre

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