Carta de Cuaresma

Cuaresma 4Querida familia:

Aunque nuestra sociedad apenas lo percibe, hemos entrado en la Cuaresma, un tiempo especial para que los cristianos refresquemos nuestra fe. Es un tiempo gozoso, intenso y fuerte que nos sirve de preparación para nuestra gran fiesta de la vida. Es la invitación a ser más nosotros mismos, ser más lo que podemos ser, ser más como Jesús nos quiere. Es una oportunidad para renacer a una manera nueva de comportarse como cristianos. En nuestra vida familiar se tiene que notar.

– Jesús decía que vino a la tierra para contarnos quién es Dios y cómo tenemos que vivir para ser felices, es decir, para darnos vida, la vida en abundancia, la llamaba Jesús. Él nos enseñó quién es su Padre, cómo vivir en positivo, no preocupados ni estresados; nos enseñó a elegir lo mejor, a amarnos mucho a nosotros mismos y a los demás también, que es el mejor modo de ser feliz; nos enseñó a perdonarnos y saber perdonar: a los demás y a vivir atentos a lo que el otro necesita.

– Es importante fijarnos en cómo pensamos y cómo vamos por la vida. Según los expertos, una persona normal, en un día normal, tiene alrededor de 60.000 pensamientos. Lo malo es que el 90% de ellos suelen ser negativos, repetitivos o tristes (¡qué mal lo estoy haciendo! ¡Ese tío es tonto! ¡No voy a llegar! Siempre es todo igual, ¡qué rollo!…) Y sólo el 10% de nuestros pensamientos son positivos (¡Qué día más bonito! ¡Cuánto nos queremos! ¡Qué ilusión charlar en familia! ¡Qué puesta de sol tan preciosa!

Todo lo puedo en aquel que me conforta… Las personas según cómo pensamos, así sentimos y así actuamos. Si pienso que soy desgraciado, que la gente es mala, que todo el mundo actúa con mala intención y que es un rollo mi vida, me sentiré desanimado y triste y actuaré como un cenizo. Si elijo pensar en las cosas positivas que tengo hoy para ser feliz, viviré más contento e irá brotando lo mejor de mí.

– Si pienso, como Jesús, que cada día tiene su afán, que Él me tiene abrazado por delante y por detrás y que tiene, puesta sobre mí su mano, andaré por el mundo con mayor seguridad y optimismo vital. Es muy fácil que se nos cuele la rutina en la vida y en las relaciones, como le pasó a …

Estaba cansado de la rutina del trabajo, de tener siempre los mismos compañeros y repetir cada día las mismas costumbres.
Al volver a casa, su mujer le contaba siempre las mismas cosas y apenas le escuchaba, igual que a los niños, que hacían ruidos molestos y no le dejaban tranquilo.
¡Dios mío, tengo ganas de terminar con esta rutina! y oyó, de pronto una voz que le decía: “Así será. Desde hoy otra persona, que estaba en el paro, ocupa tu lugar de trabajo y está encantada, además le gustan mucho los compañeros y el ambiente que le rodea.
También tu mujer ha encontrado un hombre que agradece su conversación y sus caricias, está enamorado de ella y disfruta con la casa y con los niños, pues antes no había podido tenerlos, por ser estéril”.
Pero, ¿es que he muerto? ¡Socorro!
Su mujer, asustada le zarandeó.
De pronto abrió los ojos y ella le preguntó: “Cariño, ¿has tenido otra pesadilla?”
No, no ha sido otra pesadilla ¡No! Ha sido otra oportunidad…

– Si nos es, difícil, recordemos que Dios tiene aún más interés en nosotros que nosotros mismos, y pongámonos en sus manos, para que El nos ayude a que todos salgamos amados de casa, para que nos potenciemos y lleguemos a ser esos seres humanos plenos y felices que ha soñado para cada uno y para todos en general. ¡Ah! Y que donde nosotros estemos se esté un poco mejor, porque somos generadores, de vida en abundancia…

Un abrazo.

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