Carta de Cuaresma

cartel-cuaresmaEs Miércoles de Ceniza. Si tienes por ahí colonia, ponla a mano para usarla. Si tienes “potingues de maquillaje”, no los retires. Va en serio. No entramos en un tiempo de apariencias, sino en un tiempo bonito, porque es tiempo de lo esencial. Nuestro Dios nos convoca a lo esencial “a la chita callando”. Mira lo que dice el Evangelio de Mateo: “Cuando ayunes, perfúmate la cabeza, y lávate la cara (maquíllate bien por fuera) de modo que tu ayuno no lo observen los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará ” (Mt 6,17).

Así en plata: estamos invitados a hacer lo esencial sin que se note. Tenemos un Dios al que le importan muy poco las apariencias. Sabe mirar lo profundo del corazón.

Para muchos la Cuaresma se reduce a eso de la abstinencia y el ayuno, como si haciendo eso ya estuviera hecha la Cuaresma.

Lo importante de la Cuaresma es poner el dedo en lo esencial de nuestra existencia cristiana. Decimos que creemos, pero vivimos, en ocasiones, como “paganitos”: con criterios, con usos, con mentalidad que tienen poco que ver con lo que Jesús pide a los discípulos en el evangelio. Tenemos un corazón siempre por “cristianizar”, inclinado a sus antojos… Cuaresma es poner el dedo en la realidad de nuestra vida “pagana” y ver si lo que Jesús pide a sus discípulos es “la norma de nuestra vida”.

Cuando hagamos esto, el ayuno y la abstinencia van a venir por su propio peso, porque tendremos que prescindir de más de una cosa… que se nos ha pegado y apegado a la manera de vivir que tenemos y que se parece poco a lo que Jesús nos pide. Entiende desde esa perspectiva el ayuno y la abstinencia.

Me doy cuenta de que he puesto unas palabras muy rimbombantes como lo esencial de nuestra vida cristiana. ¿Qué será eso? Vamos a ver: ¿Qué es lo esencial en tu vida de pareja? Tu vida de pareja es la respuesta diaria a un sí, a un amor. Pues lo esencial de la existencia cristiana es lo mismito: la respuesta al amor de Dios.

Para entender esta respuesta los creyentes tenemos unos instrumentos de primer orden: la meditación de la Palabra de Dios y la oración. Esto es lo esencial. Cuando se hace esto, ya uno se va imponiendo otras cosas que se desprenden de escuchar la Palabra y de orar al Padre. Verás que tendrás que hacer cosas por amor: privarte de algo (como lo haces cuando te ocupas del hijo o del marido o de la esposa… o cuando no ves el partido de fútbol y no pasa nada por perderte un partido con tal de darle gusto…)

Y vas a aprender a abrir la mano a los demás porque entenderás que somos hermanos unos de otros… y querrás ayudar con lo que sea… Como ves, esto no es tan complicado…

Hoy te quiero decir a ti que lees esta carta que no “impongas a tus hijos ni a tu marido o esposa lo que tú haces porque te sale de dentro”. Pero al mismo tiempo, que no ocultes tu respuesta de lo que haces a quien te la pida. Cada vez estoy más convencido de que lo del Evangelio de Jesús entra por libertad y no por imposición; lo del Evangelio de Jesús entra por interrogación y no por presión. Pide y haz con los de tu casa hasta donde puedan llegar y tú llega hasta donde tu corazón te pida. Ten por seguro que lo que haces es visto por el Padre del cielo y también por los de tu alrededor. Convencerás más por lo que hagas y la coherencia de tu vida que por la imposición externa que quieras ejercer con los tuyos o sobre los tuyos… (en el fondo hasta los “tuyos” no son tan tuyos; son ellos, y una característica del cariño es dejar al otro ser lo que está llamado a ser; tú sabes que esto es dificilísimo y exige equilibrio para educar sin imponer, para mandar y prohibir, para aconsejar y sugerir…)

Sí te invito a que en estos días de Cuaresma te tomes un tiempo de uno a cinco minutos para el silencio, para la oración, para leer el Evangelio.
Es la Palabra de Dios la que juzga nuestra vida y es la oración la que alimenta nuestra intimidad con el Padre. Yo no te puedo decir mucho
más… Es el mismo Dios y su Espíritu quienes te irán señalando las “zonas oscuras de tu existencia cristiana”. La relación con Dios es como la relación humana: cuanto más quieres, más te entregas; cuanto más quieres, menos pides; cuanto más querido o querida te sientes, más te vuelcas… ¿A que sí?

Cuando oigas hablar de ayuno, de abstinencia, entiéndelos en esta clave de encuentro. Verás que entonces no suenan a “darnos palo”, ni a
“hacernos daño”… Todo lo contrario, suenan a relación de cariño e intimidad con quien sabemos nos ama Él el primero.

Un abrazo y feliz tiempo cuaresmal…

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