Celebración litúrgica vacía de interioridad

Eucaristía 7Las celebraciones litúrgicas de nuestras parroquias están dirigidas mayoritariamente hacia el discurso racional y la exteriorización, con un déficit claro de experiencia interior. Se han hecho esfuerzos muy importantes para devolver a la liturgia su lugar central en la vida de la comunidad cristiana, pero falta muchas veces una interiorización del misterio que se celebra, una comunicación más viva con Dios. Se canta y se ora con los labios, pero el corazón está ausente…
Letanías de una liturgia gris:
– Para el sacerdote que mientras dice una oración a Dios, se dedica a pasar las hojas del Misal, Dios está muerto.
– Para el solista o el coro que canta palabras dirigidas a Dios y va emitiendo sonidos sin hacer suyo lo que canta, Dios está muerto.
– Para el lector que lee la Biblia como si leyera el listín de teléfonos, sin respirar y sin dejar respirar al Espíritu, Dios está muerto.
– Para la asamblea que recita el Padre nuestro como un sonsonete rutinario y a toda velocidad, Dios está muerto.
– Para el sacerdote que extiende sus manos sobre el pan y el vino sin ninguna convicción, sin sentir el peso del Espíritu al que está invocando, Dios está muerto.
– Para todas esas misas que no son celebración, sino ceremonias, para todos esos salmos que son sólo un maratón de versículos, para todos esos sacerdotes que actúan como funcionarios aburridos, Dios está muerto.
– Cuando nos hiere una persona que nos saluda distraída, que nos responde mecánicamente pensando o haciendo otra cosa; así tienen que herir el corazón del Padre nuestros gestos litúrgicos sin vida, sin alma. Es como decir que no nos interesa y así el culto resulta poco menos que un insulto.
– Y si es falso que Dios está muerto, si en verdad está vivo,
¿Por qué actuamos así?

Santa Teresa: comienza el libro de las Moradas poniendo de relieve la importancia de las actitudes en lo que se refiere a Dios: “Porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración aunque mucho menee los labios”.
Yo creo que aquí está el quid de la cuestión: No logramos hacer vivos, significativos, atractivos los ritos litúrgicos, la liturgia en general, porque falta algo previo: la disposición con que entramos, con que vamos a celebrar.
¿Para qué son los ritos, en comunión con quién nos ponen? El problema, el verdadero problema, es “Dios”, no los ritos. Hoy nos cuesta mucho imaginarnos a Dios, tener noticia de Dios, respirar a Dios, porque la cultura secularizante lo ha arrinconado, lo ha quitado de la vista y del corazón. NO es seguro que con un cambio de ritos, con modernizar la liturgia, íbamos a llegar mejor a Dios y a experimentarlo más cercano. Algo de eso ya se ha intentado, de diversas maneras, por ejemplo, con los jóvenes, con liturgias para jóvenes o para niños, sin que los jóvenes y los niños acaben por tener una experiencia de Dios y por eso siguen masivamente desertando de la Iglesia. Celebrar es tomar conciencia de adónde venimos, ante quién estamos, quién nos ha convocado, quién nos habla, a quién rezamos y cantamos, qué es lo que celebramos. Esta catequesis inicial es fundamental para el logro de la celebración; porque si no conseguimos crear un clima adecuado es muy difícil que la celebración sea fructuosa, y no un mero aburrido sucederse de palabras y gestos incomprensibles y nada interesantes:

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *