¿Cómo eres?

Cómo eresCada uno es lo que quiere ser. Así de simple. Cada uno es responsable de lo que es y de lo que deja de ser. ¿Por qué culpar a los demás de nuestras inmadureces o de nuestras irresponsabilidades? Dime qué has dejado de hacer para que yo te diga lo que te falta. Dime cómo has vivido tu identidad bautismal y te diré lo que eres.

La vida se va haciendo a pedacitos. No pretendas serlo todo en un sólo día. Te llevarías demasiadas desilusiones y terminarías por abandonado todo. Es preferible que hagas sólo lo que puedes y debes hacer cada día. El resto déjalo para otro día.

Para ser grande te basta hacer cosas pequeñas. Con las cosas sencillas y pequeñas de cada día es mucho más fácil ir construyéndote a ti mismo, sin necesidad de esos esfuerzos superiores a tus fuerzas. No podrás trasladar una montaña, pero hoy puedes trasladarte a ti que eres más que una montaña. Trasladarte de tu vulgaridad a tu propia grandeza.

Eres lo que tú mismo te crees. Lo que pasa es que siempre te estás mirando a ti mismo y no puedes descubrir tu propia estatura. Mírate a la luz de tu Bautismo y de lo que Dios piensa de ti y verás cómo tu estatura se alarga y crece. Es que Dios tiene otro ángulo de visión que el tuyo.

No te empeñes en achicarte que tu vocación es la de ser grande. Cuanto más te empeñas en achicarte a ti mismo, Dios más se empeña en alargarte, estirarte. Es que a Dios le encantan las cosas pequeñas, pero le fascina la gente que quiere ser grande por dentro. Por eso María, la de Nazaret, le cayó tan en gracia… Por fin había encontrado una mujer que siempre quiso dar su propia medida. Y tu medida es tu Bautismo.

Que tu pasado no impida tu crecimiento de hoy ni el de mañana. Se crece mirando para adelante y no para atrás. Muchos santos también tuvieron un pasado sin demasiada luz y son santos. No por ese pasado, sino porque encendieron todas las luces en su presente y en su futuro, encendieron las luces de su Bautismo.

Para ser tú mismo y dar tu propia talla, no cuentes sólo con tus fuerzas. Te quedarías corto. Necesitas de una fuerza nueva. La de la gracia bautismal. La gracia te estira, te alarga hasta que logres la medida de Dios en ti, que es tu propia medida. No trates de hacerlo tú todo. Deja que Él haga lo suyo en ti.

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