Dejarles sentirle útiles

ancianaQueridos Ancianos:

Nada deteriora tanto nuestra edad sicológica como el sentirnos “inútiles”. Vivimos mientras nos sentimos útiles, mientras sabemos que podemos prestar nuestros servicios a los demás.

El adolescente se siente como tal cuando dice “yo ya puedo hacer esto o lo otro”. “Yo ya puedo hacerme cargo de esto o lo de más allá”. En cambio, lo que pareciera configurar la mentalidad del anciano es “yo no hago nada”, “ya no cuentan conmigo”.

Estas pasadas navidades, con motivo de la ayuda navideña a los niños asháninkas, un periodista regresó impactado por uno de los viejos misioneros que ya andaba bordeando los ochenta a los noventa y seguía trabajando como en sus mejores tiempos; cuando le decían que ya era hora de descansar, él se reía y si le insistían hasta perdía el humor y se enfadaba.

Es que desde el momento en que sacamos a alguien de la circulación ya lo aparcamos como algo inútil. Es entonces cuando comienza la depresión, el sentido de la inutilidad y el sentido de ser más una carga que una ayuda.

Es cierto que a los ancianos no podemos exigirles como a alguien que todavía está joven y en plenitud de sus fuerzas. Pero tampoco hemos de prohibirles hacer aquello que aún hacen y pueden hacer. Los ancianos pueden hacer muchas cosas, tal vez sean cosas sencillas, pero esas pequeñas cosas les dan vida, les hacen vivir.

¿Que andan despacio y ya comienzan a fallarles las piernas? Ya sé que todos tenemos la tentación de echarles una mano, agarrarles del brazo. La inmensa mayoría de ellos se sienten incómodos con nuestra caridad. Les fastidia porque es decirles que ya no se valen por sí mismos. Es preferible estar atentos a sus movimientos. Mientras puedan realizar sus quehaceres por ellos mismos, no los hagamos nosotros por ellos.

Incluso sería bueno que las pequeñas cosas que se pueden hacer en casa se las encomendemos a ellos, es una manera de hacerles sentir que los necesitamos y requerimos sus servicios. Es que el problema de la edad es mucho más mental que física. No hay duda que la edad física tiene mucho que decir, pero la peor edad es la que experimentamos interiormente. Quien inventó el dicho popular: “la carrocería está abollada, pero el motor está nuevo”, ciertamente entendía mucho de psicología. El cuerpo ya me falla un poco, pero por dentro yo estoy muy bien. Mi motor está en perfectas condiciones.

El tratamiento normal con la gente anciana, necesita de una gran sensibilidad psicológica para con ellos. Mientras ellos se sientan a gusto, tendrán vida sana. No les dejemos morir como esos árboles del bosque que mueren podridos tirados por el suelo. Dejemos que mueran de pie hasta secarse, pero de pie.

Vuestro hermano y amigo.

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