Descansar es necesario

Descansar¿Qué la vida se nos ha complicado? Eso está claro. De hecho, estamos asistiendo a una realidad, cuyas consecuencias no sé si hemos aún estudiado. El problema del descanso festivo o dominical.

Siempre hemos entendido que los domingos y fiestas eran para descansar e ir a Misa. Lo de la Misa, en general, aún sigue con cierta vigencia, pero lo que estamos perdiendo es el “descanso”. No vamos a la oficina, a la fábrica, pero nos inventamos un sin fin de ocupaciones para el fin de semana. A veces tengo la impresión de que el lunes amanecemos tan cansados como a mediados de semana.

El descanso no es vagancia. El descanso tiene una doble función. La sicológica de relajación de nuestro sistema nervioso ya tan estresado durante la semana. Y la espiritual, tener tiempo para dedicarlo a la experiencia de nuestra fe.

El mal de nuestro tiempo es el “estrés”. Al margen de otras muchas razones, una de las principales es que ya no sabemos descansar. No sabemos estar sin hacer nada. Nuestro mismo estrés nos impulsa a seguir haciendo cosas. Y nosotros necesitamos un tiempo personal para el encuentro con nosotros mismos, que durante la semana nos vaciamos en hacer tantas cosas. Necesitamos respirar tranquilos. El tiempo que no dedicamos al descanso lo tendremos que dedicar luego al terapeuta para que nos ayude a “desestresarnos”.

Decir “no he ido a Misa” porque “no he tenido tiempo”, pone de manifiesto que el domingo sigue siendo un día laborable como los demás de la semana. El descanso no es perder el tiempo. Es hacernos más capaces de trabajar el lunes.

TENER TIEMPO PARA LOS DEMÁS

Siempre que leo este texto “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco… y se puso a enseñarles con calma”, me siento cuestionado interiormente.
Jesús siempre tiene tiempo para los demás.
Jesús nunca tiene prisas cuando se trata de atender a los demás.
Jesús no tiene nada que hacer, cuando los demás lo requieren.
Uno de los problemas actuales es una versión al revés.
Tenemos tiempo para todo.
Menos para los demás. Menos para las personas.
Cuando se trata de atender a las personas lo hacemos siempre bajo la presión de las prisas.
Cuando alguien quiere hablar con nosotros, siempre tenemos infinidad de cosas que hacer. ¿Solución? “¡Venga usted otro día!”
Lo cual traducido en categorías de valores sería lo mismo que decir: para nosotros, todo es más importante que las personas. Que dicho de otra manera significa que “las personas no son importantes en nuestra vida”.
A los pobres les damos de lo que nos sobra. ¡Y como nos sobra tan poco…!
A las personas les damos el tiempo que nos sobra. Y como apenas nos sobra, les dedicamos un “tiempo de prisas”.

¿No sería bueno que cada uno nos preguntásemos cuánto tiempo dedicamos a las personas que nos rodean? ¿Qué clase de tiempo les dedicamos? ¿No será que nos sentimos fastidiados de que “nos quiten” el tiempo? “¡Quitar el tiempo!” ¿Hay algún tiempo mejor y más útil que el que dedicamos a los demás?

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