Descubrir la fuente

Un Rabino se estaba muriendo y sus discípulos le rodeaban llorando y lamentándose. Uno de ellos decía:
-¿Quién nos enseñará cuando tu mueras?
El rabino contestó:
-Un buen maestro, no es el que da de beber agua a sus discípulos, sino el que los conduce hasta el río.

Los buenos catequistas, padres, maestros, educadores, no son los que crean una dependencia de los educandos hacia ellos mismos, sino los que enseñan a ser libres, a tomar decisiones, aún cuando esto implique que puedan equivocarse. El buen maestro enseña cómo aprender de los errores.

No somos buenos formadores dándoles a los hijos todo hecho. Lo más fácil es darles agua ya embotellada. Lo importante es enseñarles donde está la fuente para que ellos mismos la busquen.

El buen evangelizador no es el que vacía todas sus ideas en la cabeza de sus fieles, sino aquel que enseña a la gente dónde está la fuente de la vida, la fuente de la fe, la fuente de una vida nueva.

Evangelizamos no dándoles a Dios, sino enseñándoles dónde encontrarse con Él.
Evangelizamos a los hijos, no dándoles nuestras ideas sobre la fe, sino enseñándoles a ellos a pensar.

No les enseñamos a ser hombres llenando sus cabezas de nuestras mentalidades, sino enseñándoles a ellos a que piensen. Ni les enseñamos a madurar haciéndolo todo por ellos, sino enseñándoles a hacerlo ellos mismos.

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