Domingo Primero de Cuaresma

Monición de entrada:

(A)

Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía, en este primer domingo de cuaresma.
Durante este tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia y salvación, la Iglesia pone ante nuestra consideración todo el misterio de la vida humana.
El hombre, a través de la vida, en su caminar hacia la meta, se encuentra con muchos obstáculos y se da cuenta de sus limitaciones y de su fragilidad.
Un hombre como nosotros, llamado Jesús, ya ha recorrido el camino, ha superado los obstáculos y ha llegado a la meta.
Su ejemplo es un motivo de esperanza para nosotros, pues nos enseña que el hombre puede enfrentarse con éxito a las dificultades.
Jesús nos invita a seguir su camino; nos invita a vivir, como él hizo, siendo fieles a la Palabra de Dios.

(B)

Al comenzar este tiempo de Cuaresma, escuchamos las palabras de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Es una llamada a reaccionar, a cambiar, a salir de nuestra indiferencia y pasividad, para dejarnos iluminar con la verdad del Evangelio. Es lo que pedimos en esta Eucaristía.

(C)

El carnaval nos introduce en la Cuaresma. Resurge pujante el carnaval y baja en intensidad la Cuaresma. La Semana Santa evoluciona cada vez más hacia unas minivacaciones de primavera. Son dos observaciones previas que debemos hacer en este primer domingo Cuaresma.
La Cuaresma fue como un invento espiritual del siglo IV para conservar las energías cristianas cuando se enfriaba el entusiasmo religioso de los primeros siglos. En la actualidad debemos velar todos para que no desaparezca ni quede devaluada o reducida a unas prácticas sin sentido como sería renunciar a comer carne los viernes para hartarse de pescados más costosos.
La Cuaresma debe entenderse como preparación para la Celebración gozosa de la Pascua, núcleo de nuestra fe. Empieza con el simbolismo de la ceniza impartida en forma de cruz. La ceniza recuerda la condición mortal de nuestro origen y la cruz señala el destino de nuestra vida. Tenemos por entrenador a Jesús mismo que va delante y nos señala tres prácticas de Cuaresma: oración, penitencia como entrenamiento espiritual y obras a favor del prójimo.

Peticiones de perdón

(A)

Señor, desde el desierto de nuestras tentaciones elevamos nuestro corazón para que nos eches una mano.

Decimos todos: No nos dejes caer, Señor.

– En la tentación de la autosuficiencia…
– En la tentación de la vanagloria…
– En la tentación de tenerlo todo…
– En la tentación de consumir todo lo que nos ofrecen…
– En la tentación de creernos los únicos y los mejores…
– En la tentación de alimentarnos sólo de pan material…
– En la tentación de confiar sólo en nosotros y no en Ti…

(B)

Al pedirle perdón a Dios, damos un primer paso para acercarnos a Él, para ser mejores seguidores de Jesús. Reflexionemos sobre las cosas de nuestra vida que tendrían que cambiar y sobre la voluntad que tenemos de convertirnos.

– Porque no te damos la alegría de que nos veas mejores y cambiados. SEÑOR, TEN PIEDAD…
– Porque nos hemos acostumbrado a ser seguidores tuyos, sin grandes esfuerzos y siempre a medias. CRISTO, TEN PIEDAD…
– Porque no nos tomamos en serio ayudar a los demás siendo mejores hijos tuyos. SEÑOR, TEN PIEDAD…

(C)

Al comenzar la eucaristía de este primer domingo pedimos del Señor la gracia de hacernos más conscientes de nuestra condición humana y cristiana.

– Juzgamos por apariencias. SEÑOR, TEN PIEDAD…
– Cerramos la puerta al pobre y al débil. CRISTO, TEN PIEDAD…
– Nos faltan gestos de amistad y de cercanía. SEÑOR, TEN PIEDAD…

(D)

Desde la confianza en que Dios no mira los pecados, sino el arrepentimiento, pidamos que nos perdone.

-Tú, Señor, que nos regalas la vida, Señor, ten piedad.
-Tú, Señor, que nos entregas la libertad, aunque podamos equivocarnos al usarla, Cristo, ten piedad.
-Tú, Señor, que nunca te cansas de darnos nuevas oportunidades de cambiar, Señor, ten piedad
Concédenos, Señor, reconocer tu grandeza y vencer toda tentación de separarnos de Ti y de los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.


Escuchamos la Palabra

Monición a la lectura:

En esta lectura que vamos a escuchar se afirma con claridad que el hombre no es autónomo, sino que procede de Dios y ha de vivir en constante relación con Él. La tentación está precisamente en querer romper esa relación, en querer vivir en sí y para sí, en total independencia.
La pregunta es cuándo el hombre es más humano, cuando pasea con Dios en el jardín o cuando se esconde de Dios, cuando se identifica con sus deseos o cuando extiende la mano al fruto prohibido, cuando se considera amigo de Dios o cuando juega a ser Dios. Escuchamos la respuesta.

Lectura del libro del Génesis

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: -¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer respondió a la serpiente: -Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte”.
La serpiente replicó a la mujer: -No moriréis- Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios

Monición al salmo:

Hoy te pedimos, Señor, misericordia, porque tu bondad y tu compasión son inmensas y superan nuestra miseria y nuestro pecado.
Miro a mi corazón y lo siento como un pozo insondable de impurezas e injusticias. Pero miro tu corazón y descubro un manantial inagotable de gracia.
Te pedimos misericordia por el pecado del mundo, un mar lleno de aguas turbias y violentas, impuras y engañosas, oleajes tremendos, que todo lo manchan y avasallan.
Y nos volvemos a Ti, y miramos tu Corazón, un océano de aguas limpias que pueden sanear y fecundar todos los mares del mundo.
Por eso te damos gracias y proclamamos sin fin tu alabanza.

Salmo: Misericordia, Señor, hemos pecado (Salmo 50)

Monición al Evangelio:

Jesús fue tentado por el diablo o por quien sea. Quiere decir que la tentación no es pecado, sino que es condición humana. Y quiere decir que Jesús tiene la condición humana y que por tanto puede comprender del todo nuestras miserias.
Jesús superó la tentación. Es decir, Jesús no viene a quitar la tentación, sino a vencerla. No viene a quitar el sufrimiento, sino a transformarlo. No viene a quitar la cruz sino a echarse en ella. No viene a quitar la muerte, sino a vencerla.
Las tentaciones de Jesús son un esquema de las tentaciones del pueblo de Dios y de todo hombre que quiere independizarse de Dios y vivir para sí, como un dios.

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó diciendo: -Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
-Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras.
Jesús le dijo: – También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: -Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús: -Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Palabra del Señor
Homilías

(A)

El primer domingo de Cuaresma nos narra el conocido pasaje de las “tentaciones de Jesús”. Mateo no duda en escribir: Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu para ser tentado. La vida de Jesús está guiada, como la de cualquier persona, por el Espíritu. Cada uno de nosotros tiene su historia, su vida. Y el desierto, pronto o tarde, llega.
“¿Qué quiero decir con estas expresiones?” Algo muy sencillo: a lo largo de nuestra vida llegan momentos en los que nos tenemos que definir. O sobrevivimos a base de agarrarnos a la Palabra, o nos dejamos llevar por otras sugerencias que nos apartan de la Palabra. Jesús es tentado y en la tentación opta por la Palabra, por lo que el Espíritu le dice.
En el lenguaje popular están muy metidas estas expresiones: “Son pruebas que Dios te manda”. “Es una prueba de Dios”. Creo personalmente que Dios no nos manda pruebas. La vida es la que nos presenta momentos de opción en los que tenemos que dar la talla: optamos por dejarnos guiar por el Espíritu o bien optamos por dejarnos guiar por las apariencias tentadoras de lo más inmediato y halagador.
La Cuaresma es un tiempo oportuno para examinar qué lugar ocupa Dios en nuestra vida, en nuestros proyectos, en nuestras decisiones.
Como Jesús, nosotros hoy estamos sometidos a tentaciones, es decir, oportunidades para dejar de lado a Dios y buscarnos la solución a nuestros problemas con nuestros propios medios.
El relato evangélico sitúa a Jesús en la corriente de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Como Adán y Eva, Jesús es solicitado por el tentador. A diferencia de Adán y Eva, Jesús se mantiene fiel a la palabra del Padre por encima de toda duda, de toda propuesta, de toda prueba.
La primera tentación: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes, es un chantaje que tiene como centro la necesidad inmediata, la menesterosidad de todo ser humano. Se le dice: “Agárrate a lo que necesitas ahora; sacia tu hambre y déjate de historias. Vale lo que sirve, lo que nos saca de apuros”. Pero la solución definitiva no es usar de cosas y de personas, Dios incluido. A lo inmediato, Jesús opone el alimento que es la Palabra de Dios. Es el único absoluto.
La segunda tentación: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; sus ángeles cuidarán de ti, es la tentación de usar a Dios para lo que nos conviene y cuando nos conviene. La traducción sería: “Sirve creer en un Dios que nos sirve cuando lo necesitamos” Jesús responde al tentador diciendo: No pongas a prueba a Dios. No dictes a Dios qué es lo que tiene que hacer. No reduzcas a Dios a que haga tu voluntad: Deja a Dios ser Dios.
La tercera tentación: Te daré todo si me adoras. Es la tentación más fuerte. Es la tentación de quienes están dispuestos a entregarse a quien sea y como sea con tal de hacerse dueños de los otros. Poner a todos a nuestro servicio.
Jesús responde tajantemente: Sólo a Dios adorarás. Sólo a Dios servirás.
El modo de vencer la tentación que Jesús nos muestra es tener a Dios por cimiento y su palabra como alimento.
El camino ya está marcado. Recorrerlo es tarea de cada día.
No te sorprendas de ser tentado. Sorpréndete de estar apoyado en el Señor y su Palabra que puedas caer en la tentación.

(B)

Son muchas las prácticas y costumbres sociales que, en pocos años, han quedado superadas por el ritmo de la vida moderna. Hoy sólo sirven para el recuerdo divertido y el comentario jocoso. Algo de esto sucede con el ayuno y la abstinencia. ¿Quién se atreve a proponer seriamente algo tan anacrónico y desfasado?
Sin embargo, el ayuno sigue teniendo una curiosa vigencia en la actual sociedad. Pocas veces se han observado dietas tan severas para eliminar la obesidad, cuidar la silueta, o prevenir problemas de salud. Por otra parte, ¿Quién se burla de los que hacen “huelga de hambre”, como signo de protesta o gesto de presión a favor de causas justas?
Lo importante en estas cosas es no olvidar el valor original y la sabiduría que encierran. Estoy convencido de que introducir ayuno y austeridad en nuestra vida individual y colectiva no es ninguna necedad. Al contrario, puede ser remedio eficaz para más de una enfermedad.
Naturalmente, lo primero es aclarar que no se trata de “mortificar” el cuerpo porque sí, ni de matar en nosotros el gusto por la vida y el disfrute agradecido de las cosas. Es lo contrario. Liberarnos de aquello que nos impide ser dueños de nosotros mismos, para disfrutar de una vida sana y humana.
Quien vive de forma sobria, mantiene una libertad crítica frente a los reclamos insanos de la cultura consumista. Se hace más sensible hacia quienes sufren necesidad, y más disponible para la ayuda solidaria. Le resulta más fácil cultivar la vida del espíritu y abrirse a la dimensión trascendente de la vida.
Cada uno sabrá cómo introducir en su vida más ayuno y austeridad. Algunos necesitan urgentemente moderar sus comidas y no caer en el exceso de alcohol y tabaco. A otros le haría bien ser menos esclavos de la publicidad y liberarse de cosas superfluas que asfixian la vida. Algunos necesitarían “ayunar” de tanta televisión y romper su dependencia del mando a distancia. Otros, renunciar a un estilo de “fin de semana” agotador y frustrante.
Pero lo decisivo no es ayunar, sino acertar a alimentarse bien. De ahí la máxima evangélica: “No sólo de pan vive el hombre” Es necesario también el silencio, la reflexión, la apertura a la naturaleza, el arte, la oración , la lectura de un buen libro, la oración… Para el creyente es vital la escucha de la Palabra de Dios.
Los cristianos comenzamos estos días un tiempo litúrgico que se llama “Cuaresma”. Es un tiempo en el que nos esforzamos por cuidar más nuestra comunicación con Dios, la escucha del Evangelio y la conversión a Cristo. No tiene por qué ser un tiempo triste y sombrío. Al contrario, es un tiempo de renovación que nos llevará a vivir la Pascua “resucitando” a una vida nueva.

(C)

Es lamentable ver con qué facilidad nos dejamos arrastrar por costumbres y modos de vivir que se implantan poco a poco en nuestra sociedad, vaciando de su verdadero contenido las experiencias más nobles y gozosas del ser humano.
Pensemos, por ejemplo, en lo que ha venido en llamarse la cultura del “tírese después de usado”, que tiende a imponer entre nosotros todo un estilo de vida. Una vez de usar un producto, hay que buscar rápidamente otro nuevo que lo sustituya.
Esta cultura puede estar configurando nuestra manera de vivir las relaciones interpersonales. De alguna manera, se introduce la tentación de “usar” a las personas para desecharlas cuando ya no interesan.
Lo podemos constatar diariamente: amistades que se hacen y deshacen según la utilidad; amores que duran lo que dura el interés y la atracción física; esposas y esposos abandonados para ser sustituidos por una relación más excitante.
No siempre somos conscientes de cómo podemos estropear nuestra vida cuando damos culto a modas y estilos de vivir que terminan por deshumanizarnos.
Es una equivocación vivir esclavos del dinero, del éxito profesional, del prestigio social o de cualquier otro ídolo, sacrificándoles todo: el descanso, la amistad, la familia, la vida entera.
Cuántas personas, al pasar los años, lo constatan secretamente en su interior. Ganan cada vez más dinero, tienen prestigio, han logrado lo que perseguían, pero se sienten cada vez más solas y frustradas.
Su vida se ha llenado de cosas, pero ha quedado vacía de amistades verdaderas. Saben competir y luchar, pero no saben dar ni recibir amor. Dominan las situaciones más difíciles, pero no aciertan a crecer como personas.
La advertencia de Jesús siempre será de actualidad. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
No basta alimentar la vida de dinero, prestigio, poder o sexo. Lo sepa o no, el hombre necesita amar y ser amado, perdonar y ser perdonado, acoger y ser acogido.
No le basta al ser humano escucharse a sí mismo y alimentar egocéntricamente sus propios intereses. Necesita abrirse a Dios y escuchar las exigencias y las promesas del amor.
La conversión no es una práctica ya en desuso que hay que recordar en tiempos de cuaresma. Es la orientación nueva de toda nuestra vida, el cambio de rumbo que necesitamos para vivir de manera más sana sin estropear todavía más nuestra persona.

(D)

Tenía varios pretendientes. Uno de ellos, un joven muy guapo, hijo del dueño principal de una de las marcas de automóviles más famosas del mundo. Ella estaba enamorada, sin embargo, de un humilde maestro de escuela. Cariñoso, sensible, incapaz de engañar, este maestro era de esos hombres a los que una enamorada se siente animada a decirle:
-¡Contigo, pan y cebolla!
-No seas ilusa: pon los pies en tierra y no desperdicies la oportunidad de vivir como una gran señora -le repetía machaconamente a la joven su buen padre.
Y la muchacha entró al fin en razón y se casó con el rico heredero. Dos años más tarde, su padre admiraba y alababa con orgullo el palacio del que su hija disfrutaba. Esta le dijo con profunda mirada de tristeza:
-¿Por qué vives de espejismos, papá? ¿Piensas que una vida se hace feliz llenándola de casas y de cosas bonitas, de muebles y automóviles, de joyas y vestidos? He aquí la recompensa que me hace mi marido por su indiferencia, por sus infidelidades y su orgullosa dominación. Para el canario, papá, una jaula no deja de ser jaula, aunque sea de oro -así se expresaba esta joven.
Hay hombres que tienen muchas posesiones y se afanan por poseer cada vez más; pero parece que ignoran que su esposa y sus hijos son personas a las que tienen que dedicarles su tiempo y su amor. Y así hay esposas que se sienten en amarga soledad y hay hijos de ricos que, sin la debida atención paterna, andan por la calle en busca de drogas. Es que los muchos apartamentos y los chalets en la Costa del Sol no son los que hacen feliz a una familia.
Como dice Jesús en el Evangelio, no sólo de pan vive el hombre. Está claro que necesitamos tener cosas; pero eso no basta. Podemos tener el estómago satisfecho y llena la cartera, y tener el corazón hambriento y vacío. Los deseos de nuestro corazón no se satisfacen con propiedades y libretas en el banco. Para sentirnos satisfechos necesitamos amar y ser amados, ser tratados como personas; necesitamos vivir los valores cristianos, necesitamos fe y esperanza, necesitamos de todo eso de que nos habla la palabra de Dios, que debemos escuchar y cumplir. ¡Qué distinto sería el mundo si la escucháramos y la cumpliéramos!
La palabra de Dios busca nuestro bien, no sólo para el otro mundo sino también para este. En este mundo ni sufriríamos tanto ni haríamos sufrir tanto a los demás, si la escucháramos y cumpliéramos.

(E)

Las trampas de la tentación

Cada Cuaresma comenzamos siempre con Jesús tentado en el desierto. Algo que, a primera vista, puede chocar, pero es que la pedagogía de Dios es siempre muy original. No hay verdadera libertad sin pasar por el desierto o los desiertos. La libertad tiene que atravesar el desierto de la duda, la lucha interior y hasta las ganas de desandar el camino para regresar a donde siempre.

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús “empujado al desierto”…
En su vida vivió muchos desiertos. No fueron sólo las tentaciones del comienzo. Fueron las luchas y las oscuridades de muchos momentos de su vida.
Es que no hay verdadera vida sin desierto. Es que no hay verdadero amor sin desierto.
Es que no hay verdadera fe sin desierto. Es que no hay auténtico matrimonio sin desierto. Es que no hay verdadera vocación sin desierto.
Es que el desierto es:
Encuentro con uno mismo, tantas veces perdido entre el barullo de la gente.
Encuentro con Dios que nos invita a la nueva tierra de la libertad.
El desierto del alma
Esos momentos donde todo parece oscuro y comienzan todas las dudas del futuro.
Esos momentos donde por dentro no se ve nada y sin embargo ansiamos la luz.
Esos momentos donde nos sentimos perdidos y no vemos si habrá salida al final.
Esos momentos en los que buscamos a Dios que está a nuestro lado, e incluso dentro de nosotros, pero al que no logramos ver.
Esos momentos donde el sufrimiento parece apagar todas nuestras esperanzas.
Y sin embargo, son momentos de purificación, momentos de fortalecimiento, momentos de maduración de nuestro ser interior.
Desierto del matrimonio
Todo comenzó muy bien el día de la boda. Todo marchó muy bien en la luna de miel.
Y luego todo parece complicarse.
Comienza el desierto de la desilusión. No era lo que yo esperaba.
Comienza el desierto de entendernos y sentirnos extraños.
Comienza el desierto de los silencios en los que cada uno se esconde.
Comienza el desierto de las infidelidades secretas.
Comienza el desierto de la mentira y el engaño.
Comienza el desierto de las insatisfacciones.
Comienza el desierto de las mutuas acusaciones.
Comienza el desierto de de las discusiones inútiles que rompen la armonía.
Comienza el desierto de la soledad en compañía.
El matrimonio tiene muchos desiertos. Pero todos ellos son necesarios, porque son la manera de purificar y fortalecer y hacer crecer el amor de verdad, no aquel amor epidérmico del pasado. Son esos desiertos donde “encontrará descanso el amor”.
Desierto de la fe
También la fe necesita atravesar las dunas ardientes del desierto.
El desierto de las dudas.
El desierto de querer entender y no ver nada claro.
El desierto de querer creer y sentir que los pies se hunden en la arena de los defectos y pecados de la Iglesia.
El desierto de querer creer y ser testigos de tantas incoherencias entre la fe que anunciamos y la vida que vivimos.
El desierto de sentir que creer es remar contra corriente, en un mundo que quiere prescindir de Dios.
El desierto de tantas divisiones e intereses personales, incluso en las cumbres de la Iglesia.
El desierto de tantos escándalos precisamente por parte de aquellos que eran las columnas de nuestra fe.
Pero la fe necesita de estos desiertos. Necesita de estas luchas y batallas. Porque es ahí “donde El nuevo Israel peregrino va siguiendo en pos de una cruz. La nube que alumbra el camino a través de un mundo sin luz. El cielo es el reino futuro, nueva tierra de promisión, que orienta los pasos seguros de este nuevo pueblo de Dios”.
Las oscuridades de la noche nos impiden ver las flores del jardín. Pero será el amanecer que les devolverá el color. El desierto de la cuaresma tendrá su tierra prometida en la Pascua.

La presencia de Jesús tentado en el desierto nos descubre la sutileza de toda tentación y de todo pecado. Toda mentira va maquillada de verdad y toda tentación también va con un buen maquillaje de bondad. Lo fue la primera tentación: “Seréis como Dios.”

¿Acaso cuando somos tentados se nos presenta la tentación como mala, como peligrosa, como un atentado contra Dios? Nadie acepta lo malo por ser malo. Nuestras tentaciones están todas revestidas de cierta bondad y verdad.
La infidelidad no va, acaso, con frecuencia justificada con eso de que “mi mujer no me comprende y no nos entendemos. En cambio, con la sucursal me va de maravilla. “Ahora he encontrado lo que buscaba…” O también: “Ella no se va a enterar.”

Preguntémosles a los enamorados por qué llegan antes de tiempo a lo que debiera ser el final. La respuesta es clara “es que nos amamos, nos adoramos, nos vamos a casar”. No, no somos tan tontos que hagamos mal por el gusto de hacerlo, siempre lo endulzamos con esas medias verdades que lo hacen apetecible.

“Yo no le hablo, porque me ha hecho mucho daño.” Con eso ya podemos justificar nuestra enemistad. “Yo bebo porque estoy demasiado tenso y estresado y tengo que relajarme.” Habría que poner en cada vaso: “Bueno para recuperar el estado anímico.” Siempre que caemos en la tentación tenemos algún motivo que lo justifique. ¿No es esta nuestra historia? Y no hablemos de la Misa. “Yo no voy porque el cura es un tostón de aburrido.” Con eso ya he justificado seguir durmiendo o no molestarme en salir de casa. Ojo con los “camuflajes de las medias verdades”.

Plegaria de los fieles

(A)

Pidamos al Señor, en este tiempo de gracia y misericordia, que acuda en ayuda de nuestra debilidad, y le presentamos nuestras necesidades.

Todos respondemos: ¡Oh Señor, escucha y ten piedad!

• Te presentamos, Señor, las necesidades de los pueblos castigados por el hambre y el subdesarrollo; que seamos capaces de compartir con ellos el pan de cada día. Oremos…
• Te presentamos, Señor, las necesidades de los países que sufren las consecuencias de la violencia y la guerra; que sepamos solucionar los conflictos por los caminos del diálogo. Oremos…
• Te presentamos, Señor, las necesidades de las regiones más olvidadas que sufren las consecuencias del paro y la marginación; que consigamos una mayor solidaridad. Oremos…
• Te presentamos, Señor, las necesidades de la Iglesia: sus divisiones, sus debilidades y sus pecados; para que viva esta Cuaresma en actitud de conversión constante. Oremos…
• Te presentamos, Señor, nuestras propias necesidades, nuestras faltas de esfuerzo y generosidad; ayúdanos a superarnos en todo, y que mutuamente nos ayudemos. Oremos…

Oremos: Ayúdanos, Señor, en todas nuestras necesidades, no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal. Por JNS…

(B)

Acudimos a Ti, Señor, conscientes de nuestra debilidad y de los peligros en que nos encontramos, a Ti, que eres nuestra fuerza y auxilio.

Todos: LÍBRANOS DEL MAL.

1.- Líbranos de la seducción del poder…
2.- Líbranos de la tiranía del dinero…
3.- Líbranos de la esclavitud de la carne…
4.- Líbranos del salvajismo de la violencia…
5.- Líbranos de la fea envidia…
6.- Líbranos de los encantos de la comodidad.
7.- Líbranos de las vergüenzas y los miedos que nos paralizan…

Oremos: Te pedimos, Señor, por medio de Jesús, que venció la tentación, que extiendas siempre tu mano protectora sobre nosotros y nos libres de todo mal. Por JNS…

(C)

Conscientes de nuestra debilidad y de las tentaciones que nos rodean, acudimos a Ti, Señor, que eres nuestra fuerza y nuestro auxilio y te decimos: LÍBRANOS, SEÑOR.

– De la esclavitud del dinero y de la seducción del poder…
– De toda clase de violencia y de todo abuso de fuerza…
– De la envidia y del orgullo, del odio y de la venganza…
– De los encantos de la comodidad y del miedo que nos paraliza…

Te pedimos, Señor, por medio de Jesucristo que venció la tentación, que extiendas tu mano protectora sobre nosotros y nos libres de todo mal. Por JNS…

Ofrendas

Dos símbolos (Billete o cheque y una manzana)

Billete o cheque:

Este billete de dinero o este cheque de Banco nos puede recordar, nos puede hacer pensar que una tentación fuerte que tenemos en la vida es la pasión por TENER, por ACAPARAR, por ENRIQUECERNOS.
Y todo ese afán de consumir nos va convirtiendo en personas egoístas, insolidarias, que pensamos solamente en nosotros, nos olvidamos de los demás y nos convertimos en esclavos del dinero, que nos tiraniza.
Ponemos en el altar nuestro deseo de no dejarnos llevar por estos valores materiales y hacer que brillen en nuestras vidas los valores del evangelio: la generosidad, la solidaridad, el compartir, que deben ser la base y el fundamento de nuestra vida cristiana.

Manzana:

En el relato bíblico del Génesis que hemos escuchado, el ser humano –representado en la figuras simbólicas de Adán y Eva- es tentado por el Espíritu Maligno para desobedecer a Dios, comiendo del fruto prohibido simbolizado en una manzana y llegar a ser como dioses.
Es la tentación del PODER, ante la cual Jesús se humilló hasta la muerte en Cruz enseñándonos el camino del SERVICIO.
Frente a la tentación del PODER, Jesús se despojó de todo, nos enseñó la lección del COMPARTIR, de la AUSTERIDAD, de la SENCILLEZ.
Nosotros somos conscientes de nuestra debilidad y de la facilidad con que nos dejamos llevar de las tentaciones del poder y del tener.
Líbranos, Señor, de la seducción del poder, de la tiranía del dinero, de los encantos de la comodidad.

PREFACIO…

Es justo y es necesario darte gracias, Señor, Todopoderoso,
porque nos empujas continuamente más allá de nuestras pequeñas metas, y tú mismo te haces nuestra meta.
Nos habíamos instalado en nuestra natural bondad
y nuestros ojos, incapaces de más horizonte,
no sabían descubrir nuevas alturas.
Tu palabra nos ha sacudido el corazón
y ya no podremos descansar
hasta que nuestro corazón no sea como el tuyo.
Señor, tú eres santo,
y nos invitas a ser santos como Tú mismo eres.
Te damos gracias y te alabamos
porque has puesto tu confianza en nosotros
y nos acompañas en el camino de la santidad.
Con todos los que son santos
y con los que caminan hacia la santidad
te cantamos sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

Padre nuestro

Amigos, pongamos hoy todo el énfasis en la petición de que nos libre de la tentación, porque, sin su fortaleza, nosotros no somos más que un juguete en manos del enemigo.
Por eso, con confianza, nos dirigimos a nuestro Dios: Padre nuestro…

Nos damos la paz

Y si Dios nos libra de la tentación, siembra en nuestros corazones la paz, que ahora debemos compartir unos con otros.
Que la paz del Señor esté con todos vosotros….

Compartimos el pan

Comulgar con Jesús ayuda poderosamente a superar las tentaciones. Jesús nos ilumina para vivir atentos y despiertos, como corresponde a los cristianos. Dichosos los invitados a la mesa del Señor….

Oración

Si tienes el corazón duro, tienes que ablandarlo.
Si llega a ser de piedra, tienes que romperlo,
y convertirlo en un corazón de carne (Ez 36, 36).
Si tienes el corazón viejo, tienes que rejuvenecerlo y revitalizarlo
hasta conseguir un corazón nuevo.
Si tienes el corazón sucio, tienes que purificarlo,
hasta que llegues a ser limpio de corazón.
Para purificarlo se necesita el agua limpia (Ez 36, 25),
la lejía (Jr 2, 22),
el fuego (Mal 3, 2; Mt 3, 11)
y sobre todo el Espíritu (Ez 36, 27; Mt 3, 11).
Si tienes el corazón pequeño, ruin, orgulloso,
tienes que estirarlo y hacerlo crecer,
que sea un corazón grande, ensanchado, dilatado,
como el de Abraham o Pablo (2Cor 6, 11-13)
para que quepan en él todos los hermanos.
Si tienes un corazón inflado, orgulloso,
tienes que vaciarlo, podarlo, quitarle sus humos y grandezas,
hasta hacerlo humilde y ponerlo a servir,
como el de Cristo (Mt 11, 29; Lc 22, 27).
Conviérteme, Señor, haz mi corazón semejante al tuyo

Despedida:

Hagamos de este primer domingo de Cuaresma, un primer paso de una conversión que brote de nuestro corazón y que fructifique a lo largo de toda la semana en todo lo bueno que hagamos. Que a ello nos ayude la Bendición…

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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