El mal de la sordera

sorderaEn realidad, más que un problema para el otorrino es un problema para el cardiólogo. Bueno, no sé si los cardiólogos lograrán curarnos la sordera. Es que el problema de la mayoría de las sorderas es tema del corazón. Al fin y al cabo, todos escuchamos más con el corazón que con las orejas.

Sordo, por ejemplo, es:

El que no escucha los problemas de los demás, porque no le interesan.
El que no escucha el llanto de los niños carentes de hogar y de calor humano.
El que no escucha el hambre de tantos hombres y mujeres que no tienen pan.
El que no escucha cuando alguien le pregunta dónde has estado.
El que no escucha cuando alguien le pide que le preste más atención.
El que no escucha cuando alguien le pide explicaciones.
El que no escucha cuando alguien le pide le tienda la mano y le ayude.
El que no escucha cuando alguien le pide reconciliarse y vivir en paz.
El que no escucha el dolor que sale por las ventanas de los hospitales.
El que no escucha el grito de libertad que sale por las ventanas de las cárceles.
El que no escucha el dolor de unos padres que están abandonados y sin cariño.
El que no escucha a sus padres y prefiere escuchar a los amigotes.
El que no escucha a Dios que nos habla cada día en su Palabra.
El que no escucha a Dios que nos habla a través de los acontecimientos.
El que no escucha a la Iglesia que presta su voz a los sin voz.

No.
No siempre la sordera es una enfermedad del cuerpo.
Son muchos más los sordos del corazón y del espíritu.

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