El regalo de primeros de año

Mi deseo, en el comienzo de este 2017 es que tengáis un buen año, y si no es posible, -porque no siempre lo es-, que podáis seguir viviendo con lo que lleváis en el corazón. Para todos ¡Feliz Año Nuevo!

Vivimos en una cultura y en un tiempo en que parece que, tanto las recién pasadas fiestas de Navidad como las de comienzo de año, nos empujan a hacernos regalos. Yo, dejándome llevar por esta corriente, pero a mi manera, os voy a proponer uno. Es un regalo para hacer a los demás. Es gratuito, pero os advierto que cuesta mucho. No es un juego de palabras; lo explico.

Digo que es gratuito, porque no cuesta dinero; y digo que cuesta mucho, porque requiere un cierto control de uno mismo, y eso, a veces, es costoso.

El regalo que os propongo es “escucharos” unos a otros. “Llevo un tiempo en que no consigo que nadie me escuche”, me decía un amigo. “Allí donde voy, me tengo que tragar el rollo de la persona con la que me encuentro, y nadie me pregunta nada sobre mí; es más, creo que no saben ni cómo me llamo”.

Dentro de mi familia, uno de los recuerdos más agradables que conservo con mayor fuerza es el de un tío mío, de esos vitales, extrovertido, cariñoso. Y es curioso, porque nos vimos sólo unas cuantas veces, ya que nunca coincidimos viviendo por la misma zona. Con estos resumidos antecedentes, en su momento yo me pregunté el porqué de este persistente recuerdo. Y llegué a la conclusión de que era porque se interesaba por mis actividades profesionales, por mi trabajo, por mis cosas; en una palabra: se interesaba por mí. Y yo me “sentía escuchado”. Me sentía bien.

No era de esas personas que empiezan -eso sí- preguntándote ¿qué tal estás? Y antes de que hayas contestado ya te están contando “su” situación. O aquellas que en cuanto paras para coger aire, interrumpen tu discurso con frases de este tipo: “pues eso no es nada, a mí…” y ahí ya estás perdido porque, por un un lado, no vas a volver a coger la palabra y, por otro, te vas sentir “usado” por el que te coloca su discurso. Creo que no hace falta que ponga más ejemplos, porque seguro que todos os habéis visto en estas o parecidas circunstancias.

Me contó un carmelita que, haciendo un viaje en tren, se averió el convoy en Valladolid y les dieron una hora a los pasajeros antes de reanudar el viaje. Él se dirigió a la primera iglesia que encontró en los alrededores, y entró en ella. Apenas habían pasado unos minutos, cuando notó que, por detrás, alguien le tocaba el hombro y le preguntaba si le podría confesar. Mi amigo buscó un confesionario vacío y escuchó la confesión. Al término de la misma, se volvió a sentar en un banco del templo. La mujer se le acercó de nuevo para preguntarle a qué horas y qué días estaba en el confesionario. El religioso le aclaró que él no era de allí; que estaba de paso en la ciudad. “Es una pena, le contestó la señora, porque me he “sentido” muy bien con lo que me ha dicho”. Lo más notable es –me decía mi amigo- que yo no hablé nada; solamente le escuché.

TODOS nos sentimos bien cuando nos escuchan, cuando se interesan por nosotros. Y nos sentimos mal cuando nos usan de “buzón” para colocar el rollo de quien necesita auditorio, para que le oigan.

Para saber dónde estoy yo, o sea, si soy de los que colocan “su” discurso, o bien de los que escuchan interesándose por el otro, ¿por qué no empiezo, cuando me encuentre con alguien, preguntándome qué sé yo de esta persona?, ¿qué conozco de ella? Nadie se siente mal porque le pregunten qué hace, quién es… Eso no es ser curioso o chismoso; no nos equivoquemos; eso es sencillamente dar a entender que el “otro”, con quien me he encontrado, me interesa.

¿No nos pasa, en cantidad de ocasiones, que no sabemos ni el nombre de la persona con quien hablamos, y no lo preguntamos, porque “qué va a decir”? Pues seguro que dirá su nombre. ¿Por qué no empezamos el año esforzándonos en escuchar a los demás, a quienes encontremos en nuestra vida de cada día? Y en todo caso, interesarnos por el “otro”, ¿no forma parte de aquello de “amar al prójimo, como a ti mismo”?

Lo dicho:¡Feliz año! Y… feliz escucha a los demás.

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