Envejecer con dignidad

INTRODUCCIÓN

Todos sabemos qué es envejecer. Incluso lo podemos vivir en nuestro propio ser. Con el paso de los años se van produciendo en la persona un conjunto de transformaciones que la van conduciendo a una nueva situación. La persona se va haciendo mayor. El envejecimiento es una evolución progresiva, lenta, pero irreversible, que afecta a todos los vivientes y termina inevitablemente en la muerte.
Nadie puede escapar al envejecimiento, pero cada persona envejece a su manera. Por eso hay muchas maneras de envejecer y vivir esta última etapa de la vida. Ciertamente, hay factores que no dependen de nosotros: no podemos detener el deterioro de la edad, las limitaciones físicas, los cambios de orden mental y psíquico, las consecuencias de orden laboral. Pero hay factores que dependen, en buena parte, de nuestro estilo de vivir y de reaccionar. Se envejece como se vive. Por eso hay mil modos de ser mayor. Está el anciano irritable y el paciente; el solitario y el comunicativo; el pesimista y el optimista; el receloso y el confiado; el egoísta y el generoso; el que se hunde en la propia culpa o el que confía en el perdón de Dios. Se puede envejecer con dignidad o de manera indigna.
Lo lamentable es que, por lo general, nadie nos prepara para vivir esta fase de la vida. La persona mayor va llegando a una situación nueva sin preparación, sin guías ni orientación suficiente. De ahí la importancia de grupos como “Vida Ascendente” y de otros grupos cristianos de mayores donde las personas se puedan ayudar y acompañar para vivir esta etapa de la vida que tiene sus problemas y dificultades, pero que también ofrece grandes posibilidades.
En concreto, la persona mayor tiene la posibilidad de culminar su vida dándole su sentido último y su orientación definitiva. Todos los capítulos del libro de la vida son importantes, pero ninguno lo es tanto como el último. Desde esta perspectiva, cambia totalmente la visión y la vivencia de la vejez. Llegar a mayor no es una desgracia sino un regalo. La última etapa de la vida es un tiempo de gracia para culminar nuestra vida de manera digna y responsable. Es una etapa decisiva de nuestra vida en la que podremos contar con la presencia y la compañía amorosa de Dios: «Hasta vuestra vejez, yo seré el mismo,’ hasta las canas, yo os sostendré; yo lo he hecho y os seguiré llevando; yo os sostendré y os liberaré». (Is 46,4)

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