Esperanzas de Adviento

Adviento 3“Que haya esperanza para los niños y los jóvenes.
Que haya humildad en los gobernantes.
Que haya trabajo para todos.
Que a nadie le falte el pan de cada día…”

Estrenamos una vez más el Adviento, aunque siempre es Adviento. Vamos a ponernos a soñar. Y traducir los sueños en esperanzas. Que cada uno diga cuatro esperanzas: una por cada semana de Adviento.
La Primera esperanza es que haya esperanza, que no se pierda eso que es lo último que se pierde, que no podamos leer nunca letreros como el que está a la puerta del infierno: “Abandonad toda esperanza los que aquí entráis”. Porque, efectivamente, vivir sin esperanza, vivir en la depresión y la tristeza permanentes es lo más parecido a un infierno. Por eso, ¡qué bonita misión devolver esperanzas a los que las han perdido, llenar de esperanzas y ganas de vivir a los niños y a los jóvenes! ¿No os habéis estremecido cuando oís que un niño o un joven se suicida? ¿Qué sociedad estamos construyendo, que no llena de alegría y no da razones para vivir a los niños y a los jóvenes?
La Segunda es humildad para gobernantes y poderosos: Se ve que esta raza de gentes se parece en todas partes. Hay que ver qué aires de superioridad y perdonavidas adquieren enseguida los que son elegidos para “servir”. Si los gobernantes fueran en verdad servidores y los poderosos fueran humildes, la sociedad aprendería su ejemplo y florecerían, o al menos sonreirían un poco, la solidaridad y la paz social.
La Tercera es trabajo para todos. Es una gran necesidad. El trabajo ya nadie lo ve como castigo. Es un derecho, un don, una necesidad. Es un medio, no tanto para tener, sino para ser, para realizarse, para relacionarse, para vivir con dignidad. Dar trabajo hoy es una hermosa bienaventuranza y la mejor obra de misericordia.
La Cuarta es el pan de cada día. Muchos niños no lo tienen. Muchos mueren de hambre. Son víctimas de la tercera guerra mundial no declarada: la guerra del egoísmo, del capitalismo, de las multinacionales, de la especulación, de la explotación del Norte contra el Sur. Y esta sucia guerra de intereses se da aquí mismo entre nosotros, con un número de víctimas superior al del terrorismo. ¿No será esto, el pan de cada día, una hermosa esperanza y una constante oración?
Podríamos continuar la lista, que se haría interminable: que desaparezca la droga, que se entierren las armas, que no se vuelva a hablar de chabolas. Que se borren las fronteras, que las Iglesias se unan, que los esposos se quieran… Esperanzas. Y que éstas se traduzcan en oración, y que la oración nos lleve al compromiso. Porque, ya se sabe, en el cielo “no se venden frutos, sino semillas”.

email
It's only fair to share...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Print this pageShare on LinkedInEmail this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *