Hay Advientos porque hay fermentos

levaduraUna vecina de Jesús, Juana, estaba amasando el pan. Jesús era muy pequeño, y miraba con enorme atención. “Le dejé amasar un rato y lo vi disfrutar hundiendo sus manos torpemente en la masa.
Le pedí que me trajera la levadura de la despensa y vino con un trozo enorme. Me eché a reír y le dije:
– ¡Con esto podría fermentar el pan de más de cien familias!, mira, sólo hace falta este poquito.

Él mismo lo metió en la masa con cuidado y yo lo cubrí después con un lienzo limpio, para reposar.
– ¿No estará ya? me preguntó cien veces…
Le repliqué que a la levadura hay que darle tiempo y que no hay que tener prisa, sino confiar en la fuerza secreta que hay en ella.

Pasaron los años. Y Juana y Jesús volvieron a encontrarse.

– ¿No te das cuenta, Jesús, de que tú y tus amigos no vais a poder arreglar las cosas? Esta muy bien todo eso del Reino y del Evangelio…, pero tienes que darte cuenta de la poca fuerza que tenéis, de los pocos que sois y de lo inútil que va a resultar meteros en líos y oponerse a todo y a todos…

– ¡Ay, Juana, Juana! Parece mentira que me digas estas cosas precisamente tú, que me enseñaste eso de la levadura, que tanto puede, aunque sea tan pequeñita, que hay en ella una fuerza escondida…
Justo eso es lo que pasa en el Reino de Dios…

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Un pensamiento sobre “Hay Advientos porque hay fermentos”

  1. Sencilla y muy aleccionadora esta pequeña historia. Cuánta paz interior me aporta para el ministerio sacerdotal del cotidiano hacer y vivir Evangelio, cuando parece que si no hay multitudes y se hacen cosas grandes y originales, no se evangeliza. Gracias por esta pequeña gran lección.

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