Huele a Navidad

Huele a NavidadLas navidades pasadas una amiga mía me dijo, Juan: ¡Ya huele a Navidad!. y yo le pregunté en broma: ¿y a qué huele exactamente? Más tarde la frase regresó a mi memoria y me hizo pensar más y sacarle miga a este asunto de los olores. Ciertamente la Navidad huele a muchas cosas, pero muchos aromas nos han embriagado de tal manera que a menudo nuestra pituitaria no es capaz de percibir sus olores auténticos. Sin que huela mucho a cura ni perfumarla demasiado, quisiera compartir mi reflexión con todos los que quieren descubrir a qué huele la Navidad.
En casa, la Navidad huele a turrón y polvorones, a suculentas comidas, a botellas de anís y panderetas, a encuentros con aquellos que están lejos, a niños escribiendo cartas para pedir el oro y el moro, a familias que dejan a un lado sus rencillas por un tiempo y comparten la mesa, a recuerdos de la infancia, a musgo y espumillón, a calor de hogar…
En la tele, la Navidad huele a sensuales perfumes, a juguetes, a cava, a lotería. Son la expresión de nuestros deseos de diversión, de atracción, de fiesta, de riqueza, de superar la crisis (o de olvidarla por un momento), de distraernos, etc. Y en ocasiones también huele a galas solidarias llenas de buenos sentimientos que se evaporan tan rápido como las burbujas de Freixenet…
En la calle, la Navidad huele a consumo, a regalos, a compras, a señores gordos vestidos de rojo. Huele a luces de colores, a adornos navideños, a excesivos gastos en medio de una severa crisis económica. Y precisamente por eso, también huele a transeúntes sin techo, pasando frío noche tras noche, a pobres mendigando una limosna, a inmigrantes y parados que acuden al comedor de Cáritas, a ancianos que sienten más que nunca su soledad…
Hace dos mil años la Navidad no olía muy bien que digamos. En un pesebre, fuera de la ciudad, entre animales y pastores no podía oler «a rosas» precisamente… María tuvo que dar a luz en un lugar que no tenía nada de bucólico, porque no había sitio en la posada. Allí olía a exclusión, a pobreza, a humildad, a ocultamiento, a pequeñez. Como mucho, lo único que podía disimular un poco el tufo eran el incienso y la mirra que le trajeron los magos de Oriente…
Pues allí, entre olores de ovejas, bueyes y mulas, nació el hijo de Dios, vino a este mundo la mejor de las esencias, en el pequeño frasco de un bebé. Como solemos decir, allí olía a humanidad, pero en el fondo es justamente eso: olía a verdadera Humanidad. Porque Dios quiso acercarse tanto a los seres humanos, que se hizo uno de nosotros. Y su perfume se fue derramando para sanar a muchos, se vació por completo dando su vida por todos y nos hizo respirar un aire nuevo, diferente, mucho mejor: la Vida con mayúsculas.
El que había nacido fuera de la ciudad, moriría igualmente excluido, incomprendido, despreciado. Pero el olor de su amor entregado y de su resurrección nos haría presentir el aroma de lo que nos espera en el futuro, y de lo que estamos llamados a vivir ya en el presente. Por eso -por este Niño nacido entre malos olores- nuestra Navidad también huele a muchas personas que no descansan en estas fiestas para atender a los necesitados en hospitales, asilos, comedores. Por eso huele a familias que se unen y celebran sencilla y fraternalmente la Nochebuena, que gozan con la compañía y el cariño de los seres queridos. Por eso huele a gentes de aquí y de allá que -en Navidad y siempre- entregan su vida y su tiempo en los pesebres de la exclusión, la droga, la prostitución, el fracaso escolar, la soledad, la enfermedad, el paro… Huele a muchos hombres y mujeres-creyentes o no-que han comprendido dónde está esa esencia, y se han dedicado a extender su perfume para hacer que muchos otros respiren esperanza. En palabras de san Pablo, ellos son «el buen olor de Cristo, olor de vida que vivifica» (2 Cor 2, 15-16). La lotería de Navidad del año pasado nos puede ayudar a poner la guinda a esta reflexión. Su eslogan era: «hay muchas navidades, pero no todas están aquí». Cierto: no todas caben en ese pesebre, para nada… ¿Cuál celebras tú? ¿A qué huele tu Navidad?

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