Iglesia misionera

domund-2EUCARISTÍA Y MISIONEROS

Con frecuencia vivimos la Eucaristía como algo íntimo y personal. Nos alimentamos de Cristo y pareciera que engordamos espiritualmente. ¿No nos estaremos olvidando de algo fundamental? Benedicto XVI en un Mensaje de esta jornada decía: “No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en el Sacramento. Este exige por su naturaleza que sea comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él. Por esta razón, la Eucaristía no sólo es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, sino también de su misión:”Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera” capaz de llevar a todos a la comunión con Dios, anunciando con convicción: “lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros”.
Está bien comulgar y sentir en nosotros el latir del corazón de Dios, pero ¿para quedarnos con Él a solas? El amor es como el fuego, no se le puede encerrar porque tiende a dilatarse. La olla express necesita de una salida para que no explote. El amor que sembramos en nuestro corazón al comulgar necesita ser luego expresado hacia los demás. No hay verdadera comunión sólo con Dios, si a la vez no comulgamos con los demás. Comulgar o participar en la Eucaristía es compartir el “pan que será entregado por vosotros” y beber “el cáliz de mi sangre que será derramada por todos”. La Eucaristía nos hace Iglesia, por tanto, nos hace partícipes de la misión de la Iglesia, es sacramento de comunión, no de individualismo egoísta. El espíritu misionero es como el oxígeno que hace posible que el fuego se mantenga vivo. Comulgar es entrar en comunión con todos los hombres, sobre todo con aquellos que más preocupan al corazón de Dios que son los que aún no le conocen o que, conociéndole, no lo viven.

LAS MISIONES ASUNTO DE TODOS

“Estas consideraciones remiten al mandato misionero que han recibido todos los bautizados y la Iglesia entera, pero que no puede realizar de manera creíble sin una profunda conversión personal, comunitaria y pastoral. De hecho, la conciencia de la llamada a anunciar el Evangelio estimula no sólo a cada uno de los fieles sino a todas las comunidades diocesanas y parroquiales a una renovación integral y a abrirse cada vez más a la cooperación misionera entre las Iglesias, para promover el anuncio del Evangelio en el corazón de toda persona, de todo pueblo, cultura, raza, nacionalidad en toda latitud.”

Conversión personal: conciencia de cada uno de su responsabilidad misionera.

Conversión comunitaria: conciencia de que cada comunidad es responsable de la suerte del Evangelio y el encuentro de cada hombre y mujer con el Evangelio.

Conversión pastoral: cambio de esa mentalidad diocesana, parroquial, individualista. Tenemos que entrar todos por esa nueva mentalidad de que la fe se nos ha dado para compartirla. Tenemos que entrar por esa nueva mentalidad de que todos somos responsables de todos. Tenemos que entrar por esa nueva mentalidad de “ser nosotros mejores” para mejor poder ayudar y preocuparnos por los demás.

Tenemos que renovar nuestra mentalidad para comenzar a pensar en términos de Iglesia y no en términos del individualismo de “salvar mi alma”. Me salvaré salvando a los demás. Cuando lleguemos a Dios, Dios preguntará no tanto qué hicimos, sino dónde están los demás. ¿Cuál será nuestra respuesta?

TAMBIÉN EL BOLSILLO ES MISIONERO

Cierto que la fe ni se compra ni se vende. La fe es un don gratuito de Dios y que nosotros debemos pedir en nuestra oración, no solo en este día, sino en todos los días del año. De esto creo que todos estamos, más o menos convencidos.

¿Nos convenceremos de que también no solo el corazón es misionero sino que también es misionero el bolsillo? Nos decía Benedicto XVI en un mensaje de la jornada del Domund:

“Renuevo, por tanto, a todos la invitación a la oración y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de la ayuda fraterna y al apoyo concreto de las Iglesias jóvenes, Este gesto de amor y de participación, que el precioso servicio de las Obras Misioneras Pontificias, a las que va mi gratitud, procederá a distribuir, sostendrá la formación de sacerdotes, seminaristas y catequistas en las más lejanas tierras de misión y animará a las jóvenes comunidades eclesiales.”

Es lo que llamamos la COLECTA del DOMUND. Las obras llevadas a cabo por los misioneros son muchas y grandes. Si la fe es gratuita, los medios para anunciarla y hacerla llegar tienen sus costos. Todos estamos necesitados. La crisis nos ha afectado y golpeado a todos, a unos más que a otros. ¿Afectará también a nuestra generosidad para con las Misiones y los Misioneros?

El dinero mejor invertido es aquel que ponemos a disposición de los intereses salvíficos de Dios. Tal vez no sepamos a dónde ha ido nuestra ayuda. Eso importa poco, lo que sí interesa es que nuestros bolsillos y billeteras también pueden ser evangelizadores…

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