Iniciar una catequesis

INICIAR UNA CATEQUESIS

Acaba de comenzar la catequesis. Al principio no hay cansancio, todo es ilusión y futuro. La novedad nos pone en marcha: volvemos a esperar algo aunque sea difícil… Son los primeros pasos de algo que a lo mejor es inicio o continuación.

No estamos vacíos. No somos tablas rasas

Cada uno llega a la catequesis con su “mochila” cargada de historia a cuestas.
– Los catequistas llegan con su experiencia (positiva o negativa) de otros años y con su vivencia del evangelio, con su manera de entender la comunidad cristiana, con su saber y su ignorancia… Los que comienzan a ser catequistas seguro que en su “mochila” llevan una mezcla de miedo, interrogación y miles de ilusiones.

Escuchar la vida para evangelizarla

– Los catequizandos y los catecúmenos no son una tabla rasa. Tienen su experiencia religiosa o su inexperiencia. Están en el grupo por algo, quizás no muy determinado, pero están por algo. Quizás para ellos la catequesis es un paso obligado para un sacramento… No faltarán los que van buscando realmente algo que no saben verbalizar bien… O simplemente están. Será labor del catequista hacerlos descubrir que es un tiempo oportuno el tiempo de la catequesis. Algunos quizá tienen que aprender esta pequeña lección: del cristianismo es más lo que ignoramos que lo que sabemos. Y hay saberes que no se aprenden en libros… El Dios de Jesús se reserva las mejores lecciones para impartirlas Él mismo, a través del Espíritu. Los libros no lo dicen todo. Los libros dicen mínimos siempre. Los buenos catequistas lo saben muy bien. Los malos catequistas (si los hubiera) conviene que lo escuchen…

Tarea urgente

. Unos chicos decían en una evaluación final, al terminar la catequesis de confirmación, que en la catequesis les llevan repitiendo siempre lo mismo desde la primera comunión… Eso, a su juicio, hacía de la catequesis un “rollo”, una “rutina”, un
“ya lo sabemos”, “siempre nos dicen lo mismo”, “siempre es lo mismo”.

Las “cosas nuevas” surgen'” al profundizar la Buena Nueva

. En un grupo de confirmación se presentó el Obispo unos días antes de la confirmación. El ambiente era un poco tenso. Por fin, uno de los miembros del grupo se atrevió a decir:
– Suéltenos el rollo que nos tiene que echar y nos vamos.
– Venía, dijo el Obispo, a que me lo soltarais vosotros a mí.
El hecho es sencillo, pero está lleno de contenido. Indica lo que están acostumbrados a hacer en el grupo y la “imagen” que los jóvenes tenían del Obispo y de la catequesis: un lugar de rollos.
Cuanto antes se pase, mejor. La respuesta del Obispo los desconcertó un poco. Puso a todos en el mismo plano. El Obispo estaba dispuesto a escuchar los “rollos de los jóvenes”. Entonces los jóvenes también se abrieron a escuchar el “rollo del Obispo”. Cuando hay apertura, escucha de la vida del otro, la vida es menos rollo… En aquella ocasión, todo cambió.
La tarea urgente en la catequesis es dar paso a la vida, dejar que entre en profundidad porque sólo así la podremos leer desde el evangelio, la podremos evangelizar.

No es que lo esencial de la catequesis sea decir “cosas nuevas”, sino anunciar la buena nueva del evangelio de Jesús. Un mensaje se reconoce como nuevo cuando
la “teoría” se hace vida y cambia las vidas, y éstas se perciben por la persona y por los demás como nuevas, transformadas. En este sentido es posible la novedad.
La novedad no está en el contenido ni en la forma de decir el contenido. La novedad del evangelio viene siempre de la novedad que el evangelio produce en el corazón de la gente, y de la manera nueva con la que ¡uno se sitúa ante la realidad, ante la vida. Una enfermera que está en un grupo de catequesis de adultos confesaba: “Hago lo mismo que antes, pero lo hago de manera nueva, diferente. Miro de manera nueva; acaricio
a los enfermos con manos nuevas; pronuncio palabras que levantan novedad en los cuerpos heridos”.
Una catequesis que no ayuda a descubrir que Dios nos está esperando en las situaciones de espesura que la persona vive, no es catequesis que interese.

Saber esperar

No es lo mismo saber cosas del evangelio que vivir el evangelio. Lo que se sabe no es nada más que el primer eslabón. Haciendo del evangelio ciencia o convirtiéndolo en sólo ciencia, no hemos llegado a vivir el evangelio. La catequesis no puede igualarse a una materia más del currículo formativo. Es necesario saber el evangelio, que éste sea expuesto y anunciado. Pero es insuficiente saber el evangelio para llegar a ser discípulo del Señor del evangelio.
El evangelio necesita tiempo para que entre a formar parte de la vida, para que se haga modo de vivir; Tiempo y modelos de hombres y mujeres que han hecho del evangelio vida de cada día es lo que necesitamos en la catequesis. .

Saber esperar es una tarea importante para los catequistas.
Saber esperar pide, además, admitir que no todos pueden asimilar el evangelio.
Y desde luego, no todos al mismo tiempo.

Los operarios que trabajan en la viña del Señor tienen que saber decir cada día:
Señor, danos tiempo, Dale un año más… Yo la cavaré, la podaré, la cuidaré…
Dale un año más a ver si da fruto…
Estar en la viña del Señor requiere una actitud de espera esperanzada. Si la semilla
que siembras sale del granero, de tu corazón con paz, con bondad, con delicadeza,
con convicción, con respeto… germinará..

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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