¿Inútil, yo?

Queridos hermanos enfermos y ancianos:enfermos 4

¿Qué pensaría usted si alguien le habla de un tipo que dirige 145 leproserías, en las que se atiende a 10.000 enfermos? Y que además, debe coordinar la educación de 2.000 alumnos… ¿Se atrevería usted a llamarle un hombre inútil? ¿Sería usted quien lo aparque a un lado porque ya estorba en la vida y no vale para nada?

Si realmente tiene esa tentación, le advierto que lo piense un poco porque este hombre existe. Tiene un nombre: se llama P. Luis Ruiz Suárez. ¿Quiere saber la edad? ¿Se la digo? Espero que no se asuste ni escandalice. Pues, amigos, no tiene sino 90 años cumpliditos. Es la primera vez que cumple sus años con su familia, en Gijón, desde 1930. Es que durante sus últimos 62 años no tuvo tiempo para celebrarlos con los suyos, por la sencilla razón de que durante esos años a andado “por esos mundos de Dios” haciendo algo por los demás. ¿Y sabe cuando comenzó a trabajar con los leprosos? Pues en 1986, recién cumplidos los 73 años. Como quien dice todo un jovencito lleno de ilusiones.

¿Hay alguien ahora que me quiera decir que los hombres y mujeres de la tercera edad, esa que llaman del atardecer, son unos inútiles, unos estorbos en el camino? La vida no es cuestión de hojas de calendario en constante otoño. La vida es sencillamente vida. Vivimos mientras decidimos vivir, mientras nos sentimos capaces de hacer algo por los demás.

Coordinar 145 leproserías no lo mismo que pasar el tiempo jugando al bingo. Y tener bajo su dirección a 10.000 leprosos es algo más que matar el tiempo contando cuentos del pasado. Usted que es mucho más jovencito, ¿se atrevería a reemplazarlo? Usted que es joven y está en pleno rendimiento.

No estamos hablando de un muerto. De alguien que hizo. Hablamos de alguien que está vivo, llevando a cuestas sus noventa primaveras bien floridas. Ah, por si usted se anima, le diré que vive de limosnas. Tiene que ver cómo día a día solventa los gastos de esos diez mil leprosos. Aunque me temo que tendrá que esperar turno porque cuando se la pregunta si piensa retirarse a descansar la respuesta está ahí: “Yo descanso trabajando. A mis noventa años, llego un régimen de vida similar a un hombre de sesenta años. Me levanto a las 6.30 a.m. y hasta hace dos años me solía mover en moto… Quiero seguir trabajando: tenemos 15 proyectos en espera que no podemos poner en marcha por falta de dinero y de voluntarios. Sé que el Señor me llamará cuando quiera, pero yo siempre he vivido al día y nunca me preocupo por el mañana”.

Que nadie haga del P. Luis esa caricatura del viejo amargado. “Padre Luis: y mirando atrás, ¿vale la pena lo que ha hecho? ¿Volvería a repetir su vida?” Y el P. Luis responde: “¡Ufff! No hay nada mejor que tratar de hacer felices a los demás. No sólo es que valga la pena ser misionero, es que es necesario. Siento que he tenido una vida privilegiada”.

¿Si se piensa retirar? “Mientras se pueda servir, se sirve. Cuando el Señor te diga basta, pues basta. Yo, todos los días, antes de salir a trabajar, paso por la capilla de mi casa y le digo al Señor: “Oye, si quieres llamarme hoy, me llamas”. Y por la noche, cuando vuelvo a casa, le digo: “Gracias, Señor, porque has querido darme un día más para servirte”.

Bueno, ¿hay alguien que siga pensando que los viejos son unos estorbos en la vida? Cuando veo hombres como estos, siento que estorbos ya no queda posiblemente más que uno. Y ese posiblemente soy yo. (Datos tomados de ZENIT. Org-VERITAS)

Vuestro amigo de siempre que os bendice.

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