La alegría de servir

Alegría de servir“Sirve la luna. Sirve el viento. Sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo.
Donde haya un esfuerzo que dos esquivan, acéptalo tú.
Sé tú quien aparta la piedra del camino,
El odio de los corazones, las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano, la de ser justo.
Pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa tarea de servir:
¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender!
No sólo se hace mérito con los grandes trabajos, hay también pequeños servicios:
Adornar una mesa, ordenar unos libros.
El servir no es faena de seres inferiores.
Dios, que da el fruto y la luz, sirve.
Y tiene fijos los ojos en nuestras manos y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy?” (Gabriela Mistral)

Esta es la alegría del pastor. Una vida que no es mía sino que pertenece a todos.
Una vida de la que no puedo disponer porque son otros los que la necesitan.
Si algo me alegra de mi vocación de pastor es precisamente eso: soy yo pero no soy para mí, porque mi vida le pertenece a los demás, mi tiempo le pertenece a los demás. Uno no tiene derecho a los cansancios porque otros están más cansados y me necesitan.
Las ovejas son caprichosas y van a donde les da la gana y no siempre responden a los deseos del pastor. Pero el pastor ahí permanece, siguiéndolas y buscando para ellas los mejores pastos, por más que nunca te den gracias.
Pero esa es la condición del pastor. Seguir las ovejas, sin pretender que ellas te sigan siempre. Esto sí me preocupa: que no sea modelo para que me sigan. Comprendednos cuando sintáis que no siempre somos los pastores que quisierais.

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