La crisis en la familia

FamiliaRecientemente, hablando con una pareja de novios sobre sus planteamientos matrimoniales resumía así la crisis de la familia contemporánea: “¿Cómo optar por tener hijos en una sociedad aparentemente sin futuro, en una situación social que parece sin salida? ¿Cómo pensar en un proyecto para educar a esos hijos cuando lo que los padres pueden influir en ellos es como una gota de agua en un mar de influencias incontrolables que es casi imposible contrarrestar?

Ciertamente, la crisis de la familia es grave. Pero no es lícito ser derrotistas. Aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.

Al contrario la experiencia humana parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis, la necesidad y la penuria nos une. Por eso ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.

Pero, ¿qué familia? Los católicos hemos defendido, con frecuencia, la familia en abstracto sin detenernos demasiado a reflexionar cuál debe ser el contenido de un proyecto familiar pero entendido y vivido desde la fe, desde la escucha y práctica de la Palabra de Dios.

Las lecturas que hemos escuchado en este día de la Sagrada Familia nos hablan de respeto a los padres, más si son mayores, nos hablan de actitudes de agradecimiento, de perdón, de respeto, de sencillez, de humildad, de ánimo. La Palabra de Dios nos da entender que la familia se construye cada día; no basta el hecho de tener la misma sangre, ni de habitar bajo el mismo techo, ni siquiera tener una dependencia económica. La familia y la comunidad se trabajan cada día, la mayoría de las veces por medio de pequeños gestos y detalles que expresan grandes actitudes de amor, clave para entender y reflejar el Evangelio.

Porque no cualquier familia responde a las exigencias del Evangelio. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad, y familias egoístamente replegadas sobre sí mismas. Hay familias autoritarias y familias de talante dialogal. Hay familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.

Hay familias y padres preocupados por dar un bienestar a sus hijos, pero que se olvidan de un aspecto tan fundamental como es la construcción de una familia desde el amor, el respeto, el diálogo y el servicio desinteresado, claves todas ellas para educar en los valores del Evangelio y en la paz.

No cualquier familia refleja las exigencias del Evangelio. Por eso, no podemos celebrar responsablemente la fiesta de la Sagrada Familia, sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del Evangelio a la fraternidad universal, a la defensa de los abandonados y a la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán nuestros hogares en la escuela más eficaz de insolidaridad, de inhibición y de pasividad egoísta ante los problemas ajenos?.

Si el cristianismo quiere hacer presente la fuerza humanizadora del Evangelio en la sociedad occidental, deberá contribuir a hacer de la familia un lugar cálido de experiencia humana y humanizadora. Es una tarea a la que los cristianos nos comprometemos al celebrar esta fiesta de la Sagrada Familia.

Todos debemos preguntarnos hoy día qué es lo que podemos hacer para que el respeto, la sencillez, el perdón y el amor crezcan en nuestras familias.

¿Sólo exijo o aporto algo?

Reflexión personal

-¿Cómo vivo mi vida familiar? ¿Pueden mis familiares estar sufriendo por mí?
-¿Tengo un desajuste entre lo que digo en la sociedad pública y lo que vivo en la familia?
-La familia es una realidad estática que pasa por etapas evolutivas muy diferentes… ¿Cuál es la próxima etapa que vivirá mi familia? ¿Precisa ya de alguna preparación o previsión?
– El tema de la “defensa de la familia” es un área de conflicto entre la Iglesia y la sociedad actual. Analizar las posturas de ambos lados. Por parte de la Iglesia: ¿será que defiende no la familia sino un modelo concreto de familia? ¿Cómo quedan ahí las relaciones y diferencias entre Iglesia y realidades autónomas, fe y cultura, pluralismo legítimo, inculturación… Concretamente: ¿qué actitudes nuevas sería bueno que tomara la Iglesia en este tema?
-Comparar la migración de Jesús (incluso aunque fuese simbólica) con la de los millones de desplazados y emigrantes del mundo actual.
– Jesús no destacó por ser un “defensor de la familia”… Para él, claramente, la familia no es lo más importante en la vida. Hay valores a los que debe someterse la familia, valores que uno debe poner también por encima de la relación con su familia… Comentar la conducta de Jesús.

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