La Cuaresma

Cuaresma 2El tiempo de Cuaresma es importante y no sé si los cristianos le damos importancia. El ambiente exterior da importancia a los acontecimientos “mercantiles”, fechas en las que nos pueden sacar los “euros”. Pero la Cuaresma no es mercantil: es todo lo contrario. Por eso no interesa socialmente. Y entre los que somos cristianos (o intentamos serlo) convendría no perder lo esencial.
Cuaresma es un tiempo para preguntarnos por lo que hay de evangelio en nuestras vidas; para examinar el “hueco” que Jesús tiene en nuestros corazones; para analizar los criterios de mentalidad que nos movilizan y hacen que tomemos unas opciones u otras… Por ejemplo, ¿en qué se nota que somos familia cristiana? Desde luego, no vale decir “somos cristianos”. Hay palabras en la vida de las personas que si no se traducen en algo concreto, son mentira. Ya te pueden decir “te quiero”, si no se deja “ver en hechos concretos” no pasa de ser “musiquilla celestial”…
Quizás un día de estos, cuando estés harto de casi todo, también de ti mismo por la complejidad de la vida, te puedes tomar unos momentos de paz (a lo mejor metiéndote en una iglesia cuando no hay misa y hay silencio…) El silencio es buen compañero cuando te dejas arropar por él. El silencio no suele decir mentiras, suele desvelar verdades, tu verdad. Y no está mal de vez en cuando asomarse a la verdad desnudamente.
Me atrevo a proponerte un objetivo concreto: una de las señales que indica que el evangelio entra en la vida de las personas es el uso que hacemos del dinero. Cuando Jesús entra en la vida de Mateo, Zaqueo, Magdalena… se nota por su relación con el dinero: saben dar, repartir; es decir, dan menos importancia al dinero; no viven para tener; tienen para vivir, y basta.
No te aconsejo que des de lo que tienes. De eso no des nada. Sólo te aconsejo que des de aquello que puedes tener y te abstienes de tener o comer o ponerte encima o almacenar. Una vez una familia en cuaresma dijo: “Toma, para los pobres; es el aperitivo de todos los domingos de Cuaresma. Lo hemos suprimido y ahí está el importe”.
Mi opinión es que el dar no hace rico al que recibe, sino al que da porque le abre a otros valores de solidaridad, de apertura, de escala diferente de valores.
Te invito a tener de uno a cinco minutos de paz al día en este tiempo. Elige el tiempo que resistas. Quizás valga un minuto al día para respirar y decir: ¿Qué estoy haciendo en mi vida? ¿Qué estoy haciendo de mi vida? Después basta que exclames con el corazón: ¡Señor, Señor!
No digas que esto es muy difícil.
Vale. Perdona que te eche este sermón. Es puro defecto profesional, sí. Pero es también cariño, conste. Tú y yo estamos llamados a ser más y mejores personas, más y mejores creyentes, más y mejores hijos de Dios. Y vale la pena. No perdemos nada y podemos ganar mucho: un aumento de felicidad interior, de alegría profunda (esa que no se compra, esa que mana dentro, en el hondón del corazón).
¡Marchando que es Cuaresma!
Este “renacer” no es fundamentalmente conquista nuestra, sino don de Dios…

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