La Iglesia necesita personas que despierten preguntas

Juan Bautista 4De eso no tengo duda alguna. Necesitamos de “precursores” que abran caminos, gente que deje de ser vagón que hay que arrastrar, para ser máquina y motor que arrastra. Sobre todo, hoy necesitamos de cristianos capaces de suscitar “preguntas”.
Hay demasiadas vidas indefinidas que a nadie preocupan. En cambio, existen esas otras vidas que, sin decir nada, crean interrogantes en los demás. San Agustín, cuando leía la vida de tantas vírgenes martirizadas, se preguntaba a sí mismo: “¿Y si ellas sí, por qué yo no?”
La vida y la predicación de Juan en el desierto, tenía esa fuerza de inquietar las conciencias de los demás. Los que lo escuchaban se sentían como impelidos a preguntarle: “¿Y nosotros qué hacemos?”Es posible que nadie le entendiese, pero todos sentían que allí había algo particular, que allí había alguien distinto a los demás.
Esas son las vidas que cambian al mundo. No los que hablan mucho, sino los que tienen una identidad tan definida que sorprende a los demás. Son vidas que inquietan a los demás. ¿Tú quién eres? ¿Tú qué tienes? ¿Y nosotros qué hacemos?
Tengo un amigo médico que, en un verano, regresando de la playa encontró a un hombre tirado al lado de la autopista. Pasó de largo, pero luego retrocedió. Lo subió a su coche y lo llevó al Hospital. El herido se sintió tan extrañado que le preguntaba “¿Usted quién es?” “¿Usted quién es?” Mi amigo le respondía: “Eso no tiene importancia. Lo importante ahora es su salud.”
Una de mis mayores satisfacciones en la vida es cuando alguien me hizo la misma pregunta, diciéndome: “Usted es distinto. ¿Quién es?” Recuerdo que no llevaba ningún signo sacerdotal y mi respuesta fue: “Un empresario que está aquí de paso.” La verdad es que luego yo me preguntaba a mí mismo si realmente era tan distinto al resto. Este episodio no dejó de ser nunca una lección para mí.

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