La Oración de la cama

Cama 2Queridos enfermos:

Vosotros sí sois especialistas en el conocimiento de la cama. Lo que para unos es un lugar de descanso, para otros es una especie de cruz y, sin embargo, es también un espacio desde donde podemos hablar con Dios:
“¿Hablarte de mi cama, Señor?
¿Y hablarte de mi cama, desde mi cama? ¿Y por qué? ¿Es que nadie se va a acordar de ese bendito colchón sobre el que descansa todos los días mi cuerpo?
Recuerdo aquellos días cuando, al llegar del trabajo, con el cuerpo roto de cansancio, me echaba en cama a descansar, a dormir, a reparar mis fuerzas. ¡Qué rica me sabía entonces mi cama!
Hoy, mi cuerpo también se echa en cama, también para descansar o simplemente porque no lo puedo tener parado por la fiebre que lo consume. Entonces ansiaba irme a la cama. Hoy, cuánto ansío poder dejar la cama, aunque no sea sino por unos momentos. Pero no puedo.
Mi cama es prácticamente mi mundo, es mi pedazo de geografía.
Antes no me bastaba mi casa. Me aburría en ella. Sentía necesidad de salir afuera. Hoy, la casa me sobra. Me basta mi cama. El resto de la casa y del mundo queda para los demás.
Gracias, Señor, por la cama bondadosa que diariamente me recibe. Cuando el dolor me aprieta y pierdo el humor, ella sigue callada. Cuando harto de estar echado me lamento, ella no se cansa de recibirme. Cuando protesto contra ella, pienso que me sonríe… ni por esas se enfada.
Señor, dame en mi dolor, la paciencia de mi cama.
Que sepa aguantar mi sufrimiento como ella aguanta el peso de mi cuerpo.
Que sepa callar en mis malos momentos y no protestar como calla ella y no protestar, pese a mi mal temple.
¡Cuántos enfermos, Señor, no tienen una cama como la mía para echar su cuerpo! Tal vez cuántos hermanos míos, después de un largo día, al llegar a casa no encuentran una cama acogedora como la mía.
Dame, Señor, resignación cristiana, que no es pasividad, sino generosa aceptación de mi dolor.
Dale esa paz a mi alma que sólo tú sabes dar.
Sobre todo, te pido que el día que me levante de mi cama y vuelva a estar con los demás sea portador de una gran esperanza.
Y que si algún día ya no me levanto de la cama sino que en ella te entrego mi vida, a los que recojan mi cuerpo para darle sepultura, les abras a la fe y gozosa esperanza de que mi espíritu estará contigo”.
Ya veis, queridos enfermos, ese pedazo de mundo que es una cama, es también un pedazo de la mano de Dios extendida para acoger nuestro cuerpo cansado y roto. También desde esa cama, se puede levantar el corazón cansado, y darle gracias a Dios, porque, al menos, tenemos una cama para que nuestro cuerpo descanse un poco mejor.
Que el Señor os bendiga en vuestra cama de enfermos y que desde ella, vuestro espíritu se levante hasta Él. Con mi mejor bendición, vuestro amigo de siempre.

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