La oración del enfermo

Enfermo 12Hoy en este día del enfermo, quisiera decir unas palabras sobre la oración, a enfermos y a sanos….
¿Sabéis a qué me refiero? Pues a algo muy sencillo.
La oración nuestra por los enfermos y la oración de los enfermos por nosotros los sanos.

Los enfermos deben estar seguros de que nosotros nos acordamos de ellos, no sólo cuando les atendemos materialmente en sus necesidades, sino también cuando nos encontramos en nuestro diálogo con Dios. Ellos no son ajenos a nuestra oración, sino que ocupan un lugar importante en ella.

Recemos por ellops en nuestras oraciones particulares. Es una hermosa experiencia presentarle a Dios a nuestros hermanos que sufren y que sienten las limitaciones que les impone su enfermedad. Es una manera de recordarle el delicado trato que Él tuvo con los enfermos durante sus andanzas por los caminos de Galilea, Samaria y Judea. Personalmente me resulta muy tierno, cuando pido por algún enfermo, hacerlo de una manera muy sencilla: ¿Recuerdas, Señor, a aquel ciego que te gritaba cuando subías de Jericó a Jerusalén? ¿Recuerdas a aquel leproso a quien le tocaste con tus manos y dejaste limpio de su lepra? Pues, ya sabes lo que tienes que hacer hoy con éste y con aquella enferma… Así que no te hagas el remolón…

Pero también nosotros, los que nos decimos sanos, sencillamente porque estamos menos enfermos que ellos, queremos contar con sus oraciones. Todos tenemos suficiente tiempo para hablar con Dios. Posiblemente ellos dispongan de un poco más que nosotros que vivimos tan de prisa y casi nos falta tiempo para todo. Yo tengo mucha fe en su oración porque estoy segurísimo de que la oración de un enfermo le llega y le toca en lo más sensible al corazón de Dios.

Pedid a los enfermos que no se olviden de nosotros. También ellos tienen una gran labor que hacer. Gracias a sus oraciones muchos de nosotros logremos quizá ser un poquito mejor de lo que somos. Gracias a ellos también nosotros estaremos más sensibles a la escucha de lo que Dios nos quiere decir cada día.

Ya veis, podemos estar un poco lejos los unos de los otros pero, a la vez, sentirnos muy cerca. Desde hace unos años, tengo una señora que dice me ha conocido a través de uno de mis libros, y dice que le ha ayudado mucho a llevar su enfermedad y me ha escrito que, desde entonces, no deja de pedirle al Señor, que me haga un sacerdote santo. Temo defraudarla pero, confieso que, cuando pienso que una enferma ofrece sus oraciones por mí, me siento como más obligado a vivir más a fondo mi sacerdocio.

Bueno, amigos, unidos en la oración, una oración de ida y de vuelta… Pidiendo nosotros por vosotros y vosotros por nosotros…

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