3. La sabiduría para hacer de la vejez una edad feliz

1. Manténgase activo física y mentalmente.

Este es el gran antídoto. Nos permite, además, huir de la introspección y de la rumia nostálgica o quejumbrosa que surgen tan fácilmente en situaciones de pasividad. En su popular libro “Successful aging”, Rowe y Kahn afirman que hay tres componentes de un buen envejecer: (i) evitar la enfermedad, (2) compromiso con la vida, (3) mantener la actividad cognitiva y física. Estos tres factores pueden ser integrados en una vida que mantiene actividades normales, valiosas y útiles. La gente se siente comprometida con la vida cuando desarrolla actividades con sentido.

2.- No se intoxique de comodidad.

Propóngase alguna meta que le permita saber que progresa. Da igual lo que sea: pintar, andar, aprender tailandés, cuidar geranios, construir catedrales con palillos o jugar al dominó. Por eso le ofrezco el mismo consejo que doy a mis jóvenes alumnos: “Fíjese alguna pequeña meta”. Que no sea ni tan fácil que conseguirla no le produzca satisfacción ni tan difícil que el fracaso sea demasiado probable. A todos nos gusta ganar en una competición. Todos necesitamos crear. Crear es hacer que algo valioso que no existía, exista. Y que exista gracias a mí. Una amistad duradera, un gesto de cariño, una terraza bien cuidada, una maceta florida, una rica comida, una palabra de ánimo, una conversación divertida, son magníficas creaciones que hacen habitable el mundo.
Crear es, sobre todo, mantenerse activos, alerta. Todos estamos intoxicados de pasividad. De la misma manera que el enfermo renal se conecta a la diálisis para sobrevivir, nos enchufamos a la televisión para no tener que hablar ni pensar, para dejar que me vivan. Al final, es lógico que nos entre la modorra, que es una enfermedad de ovejas durmientes y constituye un obstáculo para ser felices. Hay que salir de ese emperezamiento que nos consume. ¿Que al hacerlo vamos a perder algo de nuestra comodidad? i Y a quién le importa eso! No hemos nacido para estar cómodos, sino para ser felices.

3.- Cuide la higiene de sus sentimientos.

La vejez favorece la aparición del egocentrismo, la decepción, la desilusión, los pequeños o grandes resentimientos, el pesimismo. Todo esto contribuye a limitar la vida del anciano.

4.- Esfuércese en hablar de cosas que interesan a los demás y en escucharlos.

Tiene que ver con lo anterior. Esforzarse en demostrar ese interés nos libra del enclaustramiento en nosotros mismos.

5.- Cuide de alguien o de algo.

Todos damos por supuesto que la vejez es una edad para recibir cuidados, pero todo el mundo puede cuidar a alguien de alguna manera. Nada envejece tanto como pensar que se deben recibir cuidados, pero no dispensarlos. Nuestras responsabilidades no quedan abolidas por la edad. Eleanor Roosevelt, la mujer del famoso presidente de Estados Unidos, mantuvo una intensa actividad en defensa de los derechos humanos hasta una edad avanzada. A los 75 años escribió sobre el secreto de su vida: “Lo que más me ha mantenido activa tanto tiempo es la necesidad de ayudar a los demás”.

6.- Aprenda una nueva sociabilidad.

El anciano suele sentirse o estar solo. Muchas de sus antiguas relaciones han desaparecido o se han alejado. Intente buscar nuevas relaciones, colaborar en proyectos, acudir a centros sociales, participar en organizaciones culturales, viajes, partidas de mus, lo que sea. San Agustín, un perspicaz analista de sí mismo, contaba que después de la muerte de un amigo quedó embargado por una profunda tristeza, que no desaparecía con el tiempo. Al final comprendió cuál era su situación: “Requiescebat in amaritudine” (“estaba confortablemente instalado en la amargura”. En eso podemos caer todos.

7.- Defienda con uñas y dientes alguna parcela de autonomía y de independencia.

La limitación de las condiciones físicas tiende a reducirla autonomía, pero conviene tener mentalidad de resistente. Incluso las personas enfermas se encuentran mejor de ánimo cuando pueden tomar alguna decisión sobre sus propias vidas. Las instituciones que se ocupan de ancianos – residencias o clínicas- deben respetar por todos los medios esa parcela de autonomía y de libertad.

8. Eduque la atención.

Este es un tema central en toda la pedagogía oriental.
Concéntrela en lo que hace, o en el mundo exterior. Una manera fácil es realizar cuidadosamente tareas manuales. Se trata de evitar que el cuerpo y sus alteraciones se conviertan en el eje de su vida. Un problema sobreañadido es que la falta de intereses externos hace que los ancianos estén demasiado pendientes de cualquier alifafe, con lo que se amplifican todos los malestares.

9.- Procure leer.

La lectura es un gran estimulante mental. La televisión es pasiva; la lectura, activa. Los libros son maravillosos compañeros que están siempre al alcance de la mano. Haga amistad con algunos libros.

10.- Preocúpese de su propia perfección.

La vejez no nos libera de intentar ser cada día lo mejor que podamos. Ha sido un empequeñecimiento terrible que la psicología haya venido a sustituir a la ética. Toda la vida íntima se ha convertido en acontecimiento psicológico, perdiendo su característica básica, que es una dimensión que trasciende la propia situación personal. Las creencias básicas de una persona continúan vigentes y actuantes. Quien ha tenido un modelo claro y noble de vida continuará ateniéndose a él. Y quien no lo ha tenido, siempre está a tiempo de adquirirlo.

11.- Resígnese a unas cosas, pero rebélese contra otras.

Esta es la gran sabiduría, que queda recogida en una antigua oración que todo el mundo, puede rezar:
Que Dios me conceda serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valentía para cambiar las que sí puedo cambiar y sabiduría para ver la diferencia

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Un pensamiento sobre “3. La sabiduría para hacer de la vejez una edad feliz”

  1. Que tema tan interesante…nos hace reflexionar, nos pellizca.. porque nos dejamos llevar por los achaques…y nos volvemos cómodos a tener una vida muy pasiva y sin preocuparnos por nosotros mismos y nos abandonamos…

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