La soledad

SoledadNuestra condición humana es de soledad. Por más que queramos rodearnos de personas, las decisiones más importantes hay que tomarlas siempre en la más profunda soledad.
Muchas veces nos cuesta convivir con ella. Necesitamos encender la tele, la radio, navegar por internet y llenar todo nuestro tiempo y todo nuestro espacio de ruido y jaleo.
En algunos momentos sumergirnos en la verborrea del mundo es necesario, pues tenemos una dimensión social, a la que no debemos renunciar; en otros, en cambio…. esa verborrea, nos aleja de nosotros mismos.
Es sano disfrutar de la propia soledad y tener momentos de tranquilidad y silencio. Sólo oiremos la voz de nuestro corazón cuando nos sumerjamos en el silencio de nuestras emociones.
Las personas que tenemos al lado nos pueden invitar a casarnos, a cambiar de empleo, a tener un hijo, a correr nuevos riesgos, a hacer esto o lo otro… Sin embargo, sólo nosotros podemos asumir la responsabilidad y consecuencias de nuestros actos. Las decisiones fundamentales de la vida hay que tomarlas cuando estamos solos.
Dicen que el momento más delicado de la vida es la hora de la muerte, y que en ella se siente la mayor soledad de todas. Por más que se quiera confortar al moribundo, en el fondo se sabe que la experiencia de la muerte es una vivencia solitaria, y que ninguno de nosotros tendrá posibilidad de huir de ese momento.
Cuenta un escritor que una vez fue a coger un avión, pues tenía que dar una conferencia en Brasil. Y en el horario previsto, allí estaba él en el avión, absolutamente solo. Y preguntó a la azafata:
– ¿Dónde están los otros pasajeros?
– Usted viajará solo, no hay más pasajeros en este vuelo.
Me explicó que no era posible cancelarlo, pues el avión tenía que hacer la ruta establecida.
Aceptó aquellas explicaciones con resignación…
Se sentó en la butaca y se puso a pensar: ¿Y si este avión se cae?
Los titulares de mañana serán: “Afortunadamente solo había un pasajero”. Y me imaginaba a los amigos comentando: “Qué mala suerte la de este chico, ¿no?”
Y a mitad de viaje comenzó a pensar:
Rodeado de gente o solo, el avión, la tripulación, el motor, son los mismos. ¿Cuál es la diferencia?
Y pensó: “Qué ilusoria es la sensación de que al lado de otras personas estamos más seguros. ¿Qué podrían hacer los otros en caso de emergencia, además de gritar implorando la protección de Dios?
Hay mucha semejanza entre la vida y este vuelo.
No sirve de nada querer tener a mucha gente a nuestro alrededor. Nuestra condición humana es de soledad. La vida siempre encontrará un momento de silencio para preguntarnos sobre nuestras decisiones.
No hay, por tanto, nada más sabio que aprender a disfrutar de nuestra propia compañía. Eso es señal de que estamos bien con nosotros mismos y con la vida.

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