Las dos comuniones de Loli

Primera comunión 2Supongo que a ustedes va a costarles trabajo creerse lo que les voy a contar, pero puedo garantizarles que ocurrió en un suburbio de la ciudad de Madrid.

Resulta que Loli llegó el otro día a su colegio llevando dos preciosos
álbumes de su primera comunión. Y las monjas vieron, con asombro, que la protagonista de todas las fotografías era la misma niña, pero que todo lo demás, en los dos cuadernos, parecía corresponder a ceremonias diferentes. La niña vestía, en una y otra, dos trajes diferentes; el cura que celebraba no era el mismo, ni era idéntica la iglesia de la primera comunión. Y hasta el banquete posterior se celebraba en dos restaurantes diferentes y con distintos invitados.
«¿Cómo ha sido eso, Loli?» preguntaron las profesoras.

«Es que -explicó la niña- como mis papás están separados, celebré primero la primera comunión con mamá, que no quiso invitar a mi padre. Pero, a la semana siguiente, como me tocaba pasarla con papá, él dijo que él no iba a ser menos. Y fue y me compró otro traje más bonito y me organizó otra primera comunión.»

Yo me pregunto si el cura de esta segunda primera comunión conocería los tejemanejes a los que le sometían; pero me pregunto, sobre todo, qué galimatías interior se habrá formado en el alma de Loli si ha descubierto cómo han jugado con ella sus padres y cómo han convertido una comunión (que si no es unión no es comunión) en un elemento de división y discordia.
Me pregunto también si me gustaría ser niño en este mundo en qué vivimos. Y mi conclusión es muy tajante: no. No me gustaría vivir en un mundo en el que mis padres no creyeran en nada y se dedicaran simplemente a vivir. No me gustaría penetrar en una sociedad en la que todos parecen hacer trampas sin que nadie se escandalice de nada. No me entusiasmaría dar mis primeros pasos en una nación en la que – como decían los obispos – «parecen haberse borrado la fronteras entre el bien y el mal.»

¿Qué razones darías a unos amigos que no saben si ofrecer a su hijo la Primera Comunión?

Que si para ellos creer en Dios Padre y el tener a Jesús como maestro de vida es valioso, se lo deben ofrecer para que lo viva, lo celebre y lo disfrute.
Que comulgar significa estar de acuerdo con la forma de actuar de Jesús, estar en “común-unión” con Él.
Que no tiene sentido hacer la primera comunión como algo importante y profundo y no volver a comulgar más.
Que los padres que no creen, ni desean apoyar la fe de sus hijos, no es coherente que hagan la fiesta de la primera comunión por un motivo social y no religioso.
Que deben aclarar sus dudas de fe, antes de permitir que su hijo conozca a Jesús, se ilusione con seguirle y luego los padres “pasen del tema”. Aunque, quizá ésta sea una oportunidad en la que Dios les sale al encuentro para estrechar su relación con ellos y con los hijos.
Que cuando se conoce a Dios de niño, entra a formar parte de las vivencias profundas del ser humano y vivir la vida sabiéndole Padre aporta seguridad, felicidad e ilusiones.
Que hacer la primera comunión es una decisión del niño, ya que el bautismo lo decidieron los padres.
Que la fiesta de la primera comunión está tan unida a la ropa, los regalos y la fiesta, que los niños se distraen de lo esencial que es su encuentro con Jesús.
Que cuando hace la primera comunión un niño, toda su familia tiene una vivencia de relación con Dios. A unos se les despierta una fe olvidada, a otros el deseo de vivir la experiencia de Jesús y a otros la indiferencia.
Que no se sientan obligados socialmente a que su hijo comulgue sino que se planteen por dentro si Dios es importante para ellos, si les gusta Jesús como modelo de vida y si quieren disfrutar su fe con otros hermanos, dentro de la iglesia.

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