Le bastó un borrito

Celebramos hoy el llamado “Domingo de Ramos”, si bien litúrgicamente es “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Nada de preparaciones, nada de comisión de preparación de la fiesta. Todo se debe a la espontaneidad del pueblo sencillo y como tal, tampoco nada de grandes solemnidades, nada de grandes arreglos y manifestaciones. A Jesús le basta un borrico. El resto lo puso espontáneamente la gente.

Mantos echados como alfombra por el suelo. Ramas de olivo y palmas. El resto salía de dentro, el canto, el grito de alabanza, los vivas, los aplausos. El pueblo sencillo hace las cosas sencillamente, pero que resultan simpáticas. Por lo demás, Jesús tampoco necesitaba de más.

Jesús no quiere entrar en Jerusalén como los conquistadores, sino como el hombre sencillo, como el Salvador sencillo. Porque para Jesús era una entrada que quería ser como una nueva oferta de la salvación y la salvación no se ofrece con títulos de grandeza, pero eso sí se ofrece con cantos, con bailes con alegría. Jesús quiere que descubran la novedad del Evangelio con gozo y con sentido festivo.

Cuando Jesús quiere entrar en el corazón humano no busca espectacularidades. Busca la sencillez. Busca lo simple. Pero, eso sí, cuando Jesús se nos ofrece lo hace con alegría y es también con alegría que estamos llamados a recibirle.

El pueblo echaba por el suelo sus capas. ¿Qué es lo que nosotros tendríamos que poner como alfombra para que Jesús venga a nosotros? En vez de capas pudiéramos alfombrar el suelo con todo aquello que nos sobra y otros necesitan. Debiéramos alfombrar el suelo con nuestras debilidades, con nuestras resistencias, con nuestras indiferencias. Porque también nuestras pobrezas pueden alfombrar de fiesta el camino. El camino de Jesús que viene a nosotros es camino de alegría y de canto.

En esta Semana, Jesús lo ofrece todo, lo entrega todo, quiere sea una semana que, en medio del rechazo de algunos, otros podamos abrirnos al misterio del amor, de la gracia.

La entrada de Ramos termina en rechazo. La entrada de esta Semana termina en la alegría de la Pascua. A nosotros no sé si Jesús viene en borrico, pero sí estoy seguro que llega a través de la Cruz.

¿DÓNDE ESTÁ DIOS EN LA PASIÓN?

Vemos a todos, ricos y pobres, autoridades y súbditos.
¿Dónde está Dios en esas terribles horas de la Pasión?
Pareciera brillar por su ausencia.
Jesús lo llama varias veces y Dios responde con el silencio.

La respuesta es clara: Dios está en la Pasión misma y está identificado con su Hijo Jesús. No. Dios no es un ausente en estas horas de dolor. Es la presencia en la invisibilidad.

Esa es la gran lección de Dios en la Pasión para cada uno de nosotros, que quisiéramos ver a Dios en nuestras oscuridades, ver a Dios en nuestros sufrimientos. ¿Recuerdas aquel caso de los campos nazis? Un niño se estaba muriendo y alguien grito: “¿Y dónde está Dios?” Y en esto se oyó una voz que respondía: “Aquí” sufriendo y muriendo en este niño.

Necesitamos meditar diariamente la Pasión, pues ella nos enseñará a vivir esos momentos oscuros y de debilidad e impotencia. Está bien que grites por Él. Puede que Él calle, pero Dios también está en el silencio y en la oscuridad. ¿No escucha? Sí escucha. A Jesús le escuchó, pero no le impidió el camino de la cruz ni el morir colgado.

Señor que te vea cuando no te muestras. Señor te escuche en tus silencios. Que siga creyendo en ti cuando tenga la tentación de pensar que me has olvidado.

¿DÓNDE ESTÁ EL HOMBRE?

El hombre no solo es responsable de la Pasión de Jesús,
también él es alguien que sufre.
Por eso donde hay un hombre o una mujer hay una Pasión de Jesús.
Donde hay un hombre maltratado hay una Pasión de Jesús.

Mis Constituciones dicen claramente: “Sabiendo que la Pasión de Cristo continúa en este mundo hasta que Él venga en su gloria, compartiendo lo gozos y las angustias de la humanidad, que camina hacia el Padre. Deseamos participar en las tribulaciones de los hombres, sobre todo de los pobres y abandonados, confortándolos y ofreciéndoles consuelo en sus sufrimientos.”

Por el poder de la Cruz, que es sabiduría de Dios, trabajamos con ilusión por iluminar y suprimir las causas de los males que angustian a los hombres. Por este motivo, nuestra misión reorienta a evangelizar mediante el ministerio de la Palabra de la Cruz, a fin de que todos puedan conocer a Cristo y el poder de su resurrección, participar en sus sufrimientos y configurarse a El en su muerte para alcanzar su gloria.” (Const. 3)

La Pasión de Jesús no quedó en Jerusalén desde hace dos mil años, sigue viva en cada hombre que sufre. Son muchos los crucificados también. ¿Cómo no? Los que crucifican. Crucificados los pobres. Crucificados los encarcelados. Encarcelados los emigrantes. Crucificados los que no tienen casa. Crucificados los marginados. Crucificados los niños que mueren de hambre.

Tú, ¿qué harías en la Pasión de Jesús? ¿Qué puedes hacer con los crucificados de hoy?

POR DENTRO, POR DENTRO

Esta Semana esta marcada por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Pero hay dos pasiones:

La Pasión externa visible. Esa Pasión ensangrentada. Esa pasión de preso y cadenas. De juicios y condenas, de azotes y espinas, de condenas y cruces. Es esa Pasión que todos vemos y que más de una vez nos arranca una lágrima de dolor y compasión.

Pero esta esa Pasión invisible. La Pasión que va por dentro. ¿Qué sintió en su corazón Jesús? ¿Cómo se sintió interiormente Jesús? ¿Cómo se sintió destruido Jesús por dentro?

Está bien que conozcamos la Pasión externa. pero mucho mas importante es que nos metamos dentro de Jesús y compartamos con Él sus propios sentimientos. “Sentid en vosotros, nos dice San Pablo, los mismos sentimientos que Cristo Jesús.” Compartir esos sentimientos es identificarnos con Él y es vivir también con Él su Pasión. Es unirnos a Él, es identificarnos con Él.

No nos quedemos en la cáscara de la Pasión, es preciso entrar dentro, mojarnos de la misma. Porque solo así seremos compañeros de camino y solo así nos haremos uno con Él. “Ya no soy yo sino que es Cristo en mí y yo en Él.”

A TUS PIES, MI SEÑOR

“Quiero acercarme a ti, Jesús mío, de rodillas,
para besar tu cuerpo ensangrentado.
Déjame besar tus pies primero,
llorando en sus llagas mis pecados;
un beso de dolor, arrepentido,
porque fui yo quien te hizo sufrir tanto.

Permíteme después que me levante,
para besar las llagas de tus manos;
es un beso de amistad y cariño.
Bien quisiera quitarte yo esos clavos,
curarte con mi aceite, con mi vino,
y poner esos clavos en mis manos.

Y ahora, Señor, besaré la llaga
de tu corazón transververado;
es el beso de la esperanza enamorada,
que quiere permanecer siempre a tu lado,
y quiere aun estar dentro de ti
y poner su mismo lecho en tu costado.”
(R.P. Cuaresma Pascua 1993)

LA SEMANA DE TODOS

La Semana Santa es la semana de todos.
Porque ahí estamos todos presentes.
La semana en la que, de una u otra forma,
todos somos responsables.

Porque somos todos los que lo apresamos.
Porque somos todos los que lo juzgamos ante Anás y Caifás.
Porque somos los que nos burlamos de Él.
Porque somos los que lo juzgamos ente Pilato.
Porque somos los que lo azotamos y coronamos de espinas.
Porque somos los que lo condenamos a muerte.
Porque somos los que no le creímos mientras daba su vida por nosotros.

No. Aquí no vale culpar a otros.
Aquí no vale lavarse las manos.
Aquí no vale decir yo no fui.
¿Alguien se siente libre e inocente?

Hagamos un rato de oración y contemplación y veámonos a nosotros mismos metidos en el montón. En todo caso, si aquello nos parece muy lejano, veamos hoy nuestra vida y preguntémonos si responde al corazón de Dios o seguimos hoy prolongando su Pasión. ¡Sé sincero y dime si tú puedes lavarte las manos!

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