¿Llamamos al sacerdote?

Visita a los enfermosQueridos enfermos:

¿Qué pobre idea tienen de nosotros muchos de vuestros familiares? Os lo cuento porque es algo que ha sucedido hace unos días. Uno de los hijos de un anciano planteó el problema de esta manera: “Padre, quiero que me ayude a clarificar mis ideas. Mi padre está ya muy anciano y muy grave. Yo he querido llevarle un sacerdote para que le brinde los auxilios espirituales, pero mis hermanos me dijeron que no querían ver a un cura en casa, que papá se podía llevar un susto y morirse. A mí me da pena todo esto, pero temo que si llevo a alguien, mis hermanos le cierren la puerta.”
Creo que transcribo literalmente la confesión de este hijo. Charlamos un rato sobre distintas estrategias, pero luego me quedé pensando para mis adentros, los sacerdotes somos una especie de “bichos raros” que asustan a los enfermos y hasta pueden provocar la muerte. Felizmente, los enfermos que atendí, ninguno sufrió infarto alguno, al contrario, hasta me dieron gracias por haber ido a visitarlos.
Pero si tienen una pobre idea del ministerio sacerdotal, también tienen una muy mala idea de sus padres enfermos. ¡Qué poca fe tienen en vuestra fe! ¡Qué débiles os consideran que la simple presencia del sacerdote os puede impactar tanto que puede llegar al desenlace fatal!
En toda mi vida de sacerdote sólo uno me rechazó. Bueno, me dijo que me fuese que no quería saber nada. Confieso que lo entendí. Llegué en un momento pésimo. Estaba con un tremendo cáncer y llegué en el momento en que no aguantaba de dolor y digo esto, porque luego, dos días más tarde él mismo me mandó llamar. Yo le entendí perfectamente.
El enfermo de ordinario no tiene tan mala idea ni del sacerdote ni de la visita del mismo. Creo que el miedo lo tienen los sanos, no los enfermos. De ahí que creo que vosotros los enfermos tendréis que hacer algo. Por ejemplo, cuando sentís que estáis mal, escribid en un papelito, que es vuestro deseo que os visite el sacerdote, y que pedís que nadie le impida el ingreso a su habitación.
Vosotros sabéis que nosotros no somos aves de mal agüero, ni tampoco monstruos que asustan y provocan infartos. Al contrario, somos gente como los demás, que tenemos la misión de llevaros una palabra de consuelo y de esperanza. Sobre todo, nuestra misión es llevaros al mismo Señor para que se haga compañero de vuestros sufrimientos.
Bueno, amigos, hasta la próxima. Mientras tanto mi bendición para todos vosotros.

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Un pensamiento sobre “¿Llamamos al sacerdote?”

  1. Creo que en ese aspecto las tintas hay que cargarlas por ambos lados, pues es natural que se les vea como “pájaros de mal agüero” por el hecho de que solamente se les vea en horas bajas…otra cosa sería si el sacerdote de una parroquia soliera visitar a sus feligreses con una mínima asiduidad; imagino que tanto para la familia como para el sacerdote, el acercamiento al enfermo se vería como una causa lógica y natural…
    Muchas gracias por sus reflexiones pues son muy constructivas; un abrazo!!!

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