Lo que sembraron en ti

retoñoDios sembró, por el Bautismo, el don de la gracia y del Espíritu santo en nuestros corazones.

Nuestros padres sembraron en nosotros el cariño y el amor a Dios en el don de la fe.
Nuestros educadores sembraron en el campo aún virgen de nuestras vidas un montón de valores y sentimientos de bondad, de honestidad, de generosidad y de respeto a los demás.

Yo nunca olvidaré a Don Luis aquel viejo maestro que se pasó la vida en mi pueblo como maestro. El era ya mayor. Pero su seriedad bondadosa nos ganaba el corazón. Le teníamos mucha confianza. Cada día nos insistía: “el ser bueno con los demás os hace ser buenos con vosotros mismos. Cuando respetáis a los demás, los demás os respetarán. Matar un pájaro parece poca cosa, pero es una vida pequeña que se pierde.” Y así toda una serie de principios que nunca he podido olvidar. Nunca olvidaré lo que un día me dijo, después de una de mis travesuras: “eres travieso, pero tienes buen corazón, cultívalo siempre”. Y eso me fue guiando a lo largo de mi vida.

Dios ha sembrado en cada uno de nosotros infinidad de buenas semillas: la semilla de la fe, de la esperanza y de la caridad. La semilla de la honestidad, del sentido de la justicia y de la solidaridad. Y sobre todo se ha sembrado a sí mismo como semilla a crecer dentro de nosotros. Porque también Dios está llamado a ser adulto en nosotros.

Pero, mientras con frecuencia nos dormimos porque no tomamos conciencia de nosotros mismos, otros también van sembrando otras semillas que no son precisamente de trigo sino de cizaña: No seas tonto, aprovéchate lo que puedas de los demás. Primero eres tú, los demás que se las arreglen. Hoy la fe está pasada de moda. Hoy la Misa ya es para gente beata que vive en el pasado. Hoy la confesión ya no está de moda, al fin y al cabo el sacerdote que te confiesa también él es un pecador, mejor te confiesas directamente con Dios. La vida es para vivirla y aprovecharla y sacarle jugo, ya tienes tiempo de viejo para cambiar.

Bueno, yo sólo cito algunas de esas cizañas que junto a tanto trigo como hay en nosotros va creciendo. Y todo porque “mientras dormíamos”, es decir, mientras no tomábamos conciencia crítica de la cosas otros van sembrando en nosotros semillas que no son precisamente de Evangelio. Para ser cristiano es preciso no ser tonto. Necesitamos de un sentido crítico. Hay que estás avivados y no dejar que nos metan gato por liebre. Que no nos metan cizaña por trigo, mentira por verdad, pecado por gracia, el mundo por Dios. El Evangelio nos pide ser comprensivos con todos, pero no aceptar todo lo que nos meten de contrabando. Cada uno debiéramos reflexionar cada día, ¿qué están sembrando los demás en mi corazón?

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