LOS DOMINGOS DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

Del libro a la celebraciónfoto-del-libro-domingos-del-to-ciclo-a

Este es un reto continuado y profundo que tenemos los que celebramos la
Eucaristía (como también los demás sacramentos o la Oración de las Horas): pasar del libro a la celebración.
Los libros litúrgicos son instrumentos, no son la oración misma. Hace falta un arte especial para lograr que lo que está escrito en un papel llegue a ser celebración viva, personal, un encuentro de la comunidad cristiana con su Señor Resucitado que le quiere comunicar su palabra, su gracia, su vida.

El leccionario no es palabra viva ni acogida de fe. En el misal no hay un acto penitencial o una actitud de adoración o acción de gracias. Dependerá de lo que hagamos unos y otros con lo que ahí está escrito. Como en la partitura no hay música: hay signos impresos. Si un pianista abre el piano, sitúa su partitura y toca la sonata o el vals, entonces “sucede” la música. Luego, volverá a ser papel impreso.
El libro litúrgico es una mediación pensada -ahora más eficazmente pensada, después de la reforma de textos y lenguajes- para que suceda ese encuentro misterioso que se produce en lo interior, entre el Cristo Glorioso y su comunidad, un encuentro que anima el Espíritu Santo, pero que exteriormente viene ayudado (o estorbado, según) por la mediación eclesial, por el ministerio de los lectores y músicos, y sobre todo del que preside la celebración, todos ellos a través de unos textos que sí están en el leccionario o el misal o el cantoral.
Entre todos se trata de convertir esa letra en vida, esas notas en canto de fe o alegría, esa fórmula en oración que brota del corazón y de la vida.
Esto se aplica de modo particular a la celebración de la Palabra. El libro contiene lo que Isaías dijo hace dos mil quinientos años. Todavía no es palabra dicha y oída. Pero cuando la comunidad se ha unido, un lector proclama expresivamente lo escrito, el presidente lo explica y aplica a la vida, y la comunidad escucha con atención, acogiendo con fe y actitud de obediencia lo que el profeta decía de parte de Dios, entonces lo que ponía el libro se ha convertido en celebración: Dios dirige su Palabra viva hoy y aquí a esta comunidad, a través de una página escrita hace mucho tiempo. Como decía Orígenes, entonces “la Escritura se vuelve Palabra”.
Es como cuando Jesús, en la sinagoga de su pueblo, Nazaret, después de leer el pasaje de Isaías, enrolló el pergamino, lo devolvió al sacristán, se sentó y empezó su homilía diciendo: “hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos”.
Ahí estamos nosotros: el presidente y todos los demás que realizan su ministerio a favor de la comunidad. Estamos para ayudar a que suceda ese encuentro, para que brote esa chispa de gracia y acogida entre el Dios que quiere hablar hoy y aquí, diciendo su Palabra que es Cristo, y una comunidad que ha acudido a la celebración para dejarse iluminar y enriquecer y animar.
Es como cuando Cristo, queriendo celebrar la Pascua con los suyos, encargó a dos discípulos que prepararan la Pascua, porque él la quería celebrar. Los dos fueron a la ciudad, encontraron a un hombre con un cántaro, le preguntaron de parte del Maestro: ¿dónde está mi estancia, para que en ella coma la Pascua con mis discípulos? Y así prepararon la sala superior, con mesas y divanes, y lo dejaron todo a punto, con lo necesario para la cena. Y Jesús pudo celebrar la Pascua con todo el grupo (cf. Mc 14).
El que en cada Eucaristía dominical quiere celebrar la Pascua es Cristo Jesús, ahora desde su existencia gloriosa de resucitado. Y la quiere celebrar con su comunidad. Nosotros somos los ministros, los “precursores”, los que han recibido el encargo de preparar la sala para esa Pascua.
Por eso tomamos muy en serio la preparación de la Eucaristía dominical: su calidad, su ritmo, el canto, el ministerio de las lecturas, las moniciones oportunas, la homilía, la proclamación de las oraciones en nombre de toda la comunidad, la pedagogía de los espacios y los gestos simbólicos … Todo, para que la comunidad se pueda encontrar con su Señor, con su palabra, con su gracia comunicada.

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Materiales Litúrgicos y Catequéticos

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