Los “herodes” no han muerto

Estrella 2La suerte de tener una estrella.

¿Has oído alguna vez la frase “has nacido con buena estrella”? Es para significar que a una persona le están saliendo bien las cosas, que está teniendo suerte en sus planes, etc.
Los Magos de Oriente comenzaron su viaje sin mapa alguno, llegaron felizmente a Jerusalén con la sola compañía –lejana pero segura—de una estrella… Ellos mismos lo confiesan: “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”… ¿Qué hubiera sido de estos tres hombres sin una estrella en su camino?
No basta, sin embargo, que alumbre la estrella si uno se empeña en ignorarla. Y eso sucede muchas veces: hay mensajes, hay “estrellas”, hay señales que nos apuntan hacia un buen objetivo, pero no les hacemos caso.
La suerte de los Magos se debe a que, habiendo salido la estrella, la “vieron” y la “siguieron”. Y ahí radica su éxito.

En cambio los de “casa”, totalmente despistados.

Los Magos eran extranjeros… Venían de lejos y con ganas de ubicar al “rey de los judíos” recién nacido. Pero se encontraron con la sorpresa… Ni Herodes ni su gente estaban enterados de nada. Un despiste total.
Suele suceder que los aparentemente lejanos o indiferentes, a veces, tienen más sensibilidad religiosa que los que, también aparentemente, pasan por buenos y devotos parroquianos y cumplidores de los mandamientos… A los judíos les pasó lo mismo. Los que debieran saber al dedillo todo lo concerniente en el Antiguo Testamento al nacimiento del Mesías, resulta que tienen que venir unos “extraños” a enseñarles la lección…
Y el nerviosismo de Herodes empieza a aflorar… “Llamó privadamente a los magos…” A toda prisa, como huyendo de algún incómodo fantasma… “¡Id… averiguad… y avisadme!”
¿Por qué una indefensa criatura le pone tal nervioso a todo un rey? ¿De qué tiene miedo?
También nosotros hoy podemos preguntarnos: ¿Qué tendrá ese Niño para que tantos gobiernos nacionales, autonómicos o municipales prohíban toda señal religiosa en centros educativos y otros lugares públicos? ¿Qué tendrá ese Niño para que en nuestros centros educativos y ayuntamientos, en coordinación con grupos deportivos pongan actividades con frecuencia en domingo (“el Día del Señor”) impidiendo así a chicos y chicas y padres de familia participar en la catequesis y la Eucaristía dominical? ¿Qué tendrá ese Niño en el que en muchas de las cabalgatas vividas ayer, no se hizo ninguna mención? ¿Qué tendrá ese Niño que en los concursos de felicitaciones navideñas se prohíbe hacer ninguna mención de Él? ¿Qué tendrá ese Niño para que se intente borrar toda huella religiosa en la educación y en la vida social?

La estrategia sigue en pie. Y los ejecutores también. ¿Y las víctimas? Ahí están, miles y miles de niños, adolescentes y jóvenes a quienes se dice estar educando… ¿educando, para qué? ¿Para ser constructores de un futuro sin Dios? ¿Para ser títeres en manos de ideologías caducas o extrafalarias, lavándoles el cerebro en nombre de una libertad inexistente?
Los Magos “siguieron su camino”… Dejaron a Herodes con sus miedos e insomnios. No habían llegado de tan lejos para dejarse intimidar. Su meta: la libertad. Su objetivo: adorar al Niño. Su sueño: que el mundo siga la estrella. La que nadie podrá borrar del firmamento de la historia, la estrella siempre viviente y luminosa que ningún poder podrá hacer desaparecer.

Señor Jesús, cada vez me doy más cuenta de la importancia de tener a una persona amiga que te aconseja, te orienta, te corrige, te saca de una duda, te anima, etc… Esa persona es un tesoro. Es como una estrella en el camino, un faro que ayuda a ubicarte, una señal en un cruce de caminos…

¿Qué hubiera sido de los Magos sin la estrella? ¿Hubieran emprendido y continuado el camino hacia Belén? Lo dudo mucho. Para ellos fue la llave del éxito, se sintieron animados y felices de poder encontrarse contigo… Ese era el objetivo: llegar hasta ti como “embajadores” de los pueblos lejanos… ¡gracias a una estrella!

Hablando de mí ¡qué bueno poder encontrarte y recibir tus rayos de luz en mi vida, a veces tan gris y oscura! ¡Qué gozada sentir tus ojos en mis ojos y tus manos chiquitas en mis palmas adultas y curtidas! Al disfrutar de esta experiencia contigo, me vienen a la mente tantos hombres y mujeres que no han tenido la suerte de una “estrella” que les dirigiera hacia ti… hombres y mujeres perdidos y confusos en busca de una palabra amiga y orientadora, de un consejo oportuno, de una mirada amable, de un gesto acogedor y cálido.

También, Jesús, me siento incómodo porque no siempre he sabido ser estrella, luz y modelo para cuantos me rodean y que tienen todo el derecho a esperar más de mí. Me ha faltado el coraje y valor para dar el primer paso, para demostrar que la fe tiene que ser actuante y no para recluirse cobardemente tras el telón del orgullo, la cobardía o el temor… No he sabido ser ese faro que orienta, esa mano que acaricia, esa palabra que reconforta… Mucha fachada, frases bonitas para salir del paso, pero en el fondo poca sinceridad y coherencia.

Te doy gracias, Jesús, por todas aquellas personas que a lo largo de mi vida han sido para mí verdaderas estrellas de bondad, de un buen consejo, de una delicada corrección, de ánimo en momentos de crisis y cansancio… Es así cómo se facilita el camino hacia ti. Es así cómo los caminos de la vida se tornan fiesta, abrazo y encuentro… ¡Gracias por todas esas estrellas… y ayúdame a mí a serlo para los demás!

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