Los niños

portrait of a boy lying down and smilingSolemos hablar de todo y de todos. Pero ¿verdad que hablamos muy poco de los niños?

Y sin embargo, cuando Jesús quiere presentarnos los grandes modelos capaces de cambiar y transformar el mundo, no piensa en los grandes sino en los niños. “El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí, y el que me acoge a mí, no me acoge a mí sino al que me ha enviado”.

Y lo cogió en sus brazos y lo abrazó. Y en otra parte, nos dice que “el que no se hace como un niño no entrará en el Reino de los cielos”.

Los discípulos se parecían mucho a nosotros. También ellos discutían ¿quién de ellos sería el mayor? Todos queremos ser grandes, nadie quiere volver a ser niño. Porque el niño es indefenso, el niño depende de todos, todo el mundo le manda. El niño no es nada. No produce y consume. No trae un salario a fin de mes, pero hay que pagarle el Colegio y lo que come y lo que viste, y hasta nos reclama que le compremos juguetes.

Los niños no son ordenadores

Nosotros tenemos nuestro ordenador. Y ahora con disco duro capaz de almacenar toda una biblioteca. Lo único que hacemos es archivar y archivar todas nuestras ideas, nuestras cuentas bancarias, nuestros planes y proyectos.
A veces pienso que con los niños nos sucede algo parecido. Pensamos que son discos duros donde archivar nuestras ideas, nuestros modos de pensar, nuestras prohibiciones, nuestros mandatos. El disco duro no piensa, es puro archivo.
Nos imaginamos que el niño tampoco debe pensar, debe ser el archivo de lo que nosotros pensamos. ¿Recuerdan lo que decía el Principito de Saint-Exupéry? “los niños deben de tener mucha paciencia con los adultos”. Yo diría que los “niños tienen que tener mucha paciencia con los adultos y perdonarnos”.
En vez de enseñarles a pensar, les damos todo lo que pensamos nosotros.
En vez de enseñarles a buscar, les damos todo que nosotros hemos encontrado.
En vez de enseñarles a soñar, les matamos sus sueños.
En vez de enseñarles a crecer, preferimos sean los eternos niños.
En vez de enseñarles a amar, preferimos aprendan nuestros resentimientos.
En vez de enseñarles a decir lo que piensan, preferimos decirles que callen.
En vez de enseñarles a ser generosos, les enseñamos nuestros egoísmos.
En vez de enseñarles el gusto por la vida, les decimos que la “vida es perra”.
En vez de enseñarles que Dios los ama, a pesar de sus travesuras, les enseñamos que Dios los va a castigar.
En vez de enseñarles a amar y respetar a los demás, les enseñamos a defenderse.
En vez de respetar su verdad, preferimos enseñarles a mentir.
En vez de dejarles tener iniciativas, preferimos mochárselas para que no fastidien.
Tengo que darle la razón al Principito: “los niños deben tener mucha paciencia con los adultos”, que nos hemos olvidado de que fuimos niños y ahora no sabemos qué hacer con ellos.

Los niños no son el futuro
Con el cuento de que los niños son “el futuro” les impedimos ser niños hoy y ser ya “el presente”.
Los niños no son el futuro. Los niños son ya el “hoy”.
Los niños no son el mañana. Los niños son ya el “hoy”.
Los niños ya nos enseñan hoy. No tienen que esperar a mañana.
Los niños sueñan hoy. Dejarán de soñar posiblemente mañana.

El niño que le pedía a Dios ser televisor

Señor, haz que, en vez de niño, sea un televisor, para que así mi padre me dedique más tiempo, me preste más atención, tenga menos prisas cuando estoy con él, y mande callar a todos cuando yo le hablo”.
“Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Quien quiera ser el primero de todos sea el servidor de todos. Y acerándose a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño….”

Para Jesús, el niño es todo un maestro del Reino. Y todo un maestro de cómo acoger a Jesús y al Padre que “lo ha enviado”. Los niños tienen demasiados maestros, pero tienen pocos discípulos. En vez de escucharlos preferimos hacerlos callar. En vez de aprender la inocencia de ellos, preferimos aprendan nuestras malicias y mentiras.

Khalil Gibran escribe en El Profeta:
“Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis cobijar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas viven en la casa del porvenir, que está cerrada para vosotros, aún para vuestros sueños.
Podéis esforzaros en ser parecidos a ellos, pero no busquéis hacerlos a vuestra semejanza.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsadas hacia lo lejos.”
“Si no os hacéis como niños…”

Oración

Señor: No falta quien egoístamente diga: “¡qué pena que los hijos crezcan!”
¡Qué egoístas que somos! Preferimos unos niños enanos.
Que no piensen. Que no sean libres. Que no decidan su vida.
Y los niños, Señor, también tienen su corazoncito.
Y tienen su modo de ver y de pensar.
¿Por qué no les daremos más importancia, más tiempo, más dedicación?
¿Y por qué nosotros nos hemos olvidado que algún día fuimos también niños?

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2 pensamientos sobre “Los niños”

  1. Eider es una niña de mi Parroquia. Tiene siete años recién cumplidos y ha comenzado la catequesis preparatoria a la Primera Comunión que que recibirá dentro de dos años. En la Navidad de hace tres años y en la tradicional Novenica al Niño Jesús, a la que acuden también algunos padres, un día se me ocurrió preguntar a los niños: ¿Qué le daríais a Jesús…?….Enseguida comenzaron a llover ofertas….Uno le regalaría un balón, otra un ramo de flores, otros un juguete…..una muñeca…el libro de catequesis.. la pleyestension….Se me acerca Eider y me dice con voz apenas perceptible…”Yo le regalaría cariño….”. Me dejó sorprendido y emocionado…..Recuerdo que grité; Escuchad lo que dice Eider….¡¡¡élla le regalaría cariño!!!! … Aquel aplauso cerrado de padres y niños debió hacer sonreir al Niño Jesús, a su madre y a aquel Belén repleto de ingenuas figuricas.
    Cuando los niños hablan sin preparar lo que van a decir, nosotros los mayores deberíamos callar y sentirnos sus alumnos.

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