Los viejos huelen mal

Queridos ancianos:

Hace unos días comentaba con unos amigos esta paginita que dedico a los ancianos. Y alguien, que ya lleva camino de dejar de ser joven, me dice: “los viejos huelen mal”. Mi primera reacción fue de silencio. Pero no pude callarme y le respondí: “No sabía que la vejez huele”. Todas las edades tienen su propio olor, la tuya también. Y nadie se resigna a su propio olor, de lo contrario ¿gastaríamos tanto en colonias? ¿Me quieres decir a qué hueles tú cuando no te riegas de colonia?

¿Qué nuestros viejos huelen? No lo digamos muy alto pues es posible que nos estemos acusando a nosotros mismos. ¿No olerán mal porque nosotros no los tenemos limpitos?
¿A caso no les podemos echar un poquito de nuestra colonia? Normalmente cuando me toca visitar a los ancianos, ir a confesarlos, llevarles la comunión, los encuentro lindos. Y hasta bien perfumados.

Recuerdo que un día fui a confesar y llevar la comunión a una viejita. Y no era de la alta sociedad. Era una señora normal. No había demasiado lujo en casa. Pero ella estaba como un sol en su cama. Llevado del buen humor la saludé diciéndole: ¿dónde es la fiesta hoy? La viejita muy aguda entendió enseguida a dónde iban mis tiros y me respondió feliz: “Padrecito, me cuidan muy bien. Todos los días estoy igual”.

La edad no huele.
Los años no huelen.
La vejez no huele.
Olemos las personas cuando nos descuidamos en nuestro aseo personal o cuando los demás no se preocupan de nosotros. ¡Qué lindo es encontrarse con ancianitos así! Ya no es solo cuestión de limpieza y de olor. Es cuestión de amor. Es cuestión de delicadeza con ellos. No es cuestión de acicalarlos para cuando venga la visita. Es cuestión de hacerles sentirse bien a ellos mismos.

¡Qué cosa más simple! ¡Y qué detalle tan importante en la vida de nuestros ancianos! Yo diría que el aspecto que ofrecen los ancianos, incluso en su pobreza, es el mejor signo del amor y la sensibilidad que hay en casa. Un anciano no tiene por qué oler mal. Un anciano no tiene por qué estar despeinado. Un anciano no tiene por qué no estar limpio. La limpieza no es riqueza. Pero es amor.

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