Mamá, ¿cuánto te pagan en la tele?

PresentadoraMami trabajaba en la televisión, era la animadora de un programa, era de todos conocida por su sonrisa, su amabilidad y la frescura de su trato. Cuando por la noche llegaba a casa, llegaba cansada, sin humor, incluso hasta con fastidio y molesta. En la Televisión hay que aguantar muchas cosas y, a pesar de todo, sonreír y poner buena cara, hasta es preciso maquillarse para aparentar mejor.

Pero claro, cuando se llega luego a casa con todo un sin fin de tensiones reprimidas, les damos rienda suelta para desahogarnos. Los niños que habían visto a mami tan simpática en la TV no entendían que, al rato, estuviese tan seria, tan callada y tan amargada en casa.

Por fin decidieron preguntarle: “Mami, ¿cuánto te pagan por hora en TV?” Cuando llegó el papá se le acercaron a pedirle les diese el equivalente a un hora de TV. Extrañado, les preguntó para qué lo querían, le respondieron que era para pagarle a mami y así pueda sonreír también en casa como lo hace en la Televisión.

¿Tendrán que pagarnos ya por sonreír? ¿Tendrán que pagarnos por poner una cara simpática en casa o es que nuestras alegrías y nuestras simpatía sólo las reservamos para entretener a los demás?

Los primeros consumidores de nuestra alegría debieran ser siempre los que tenemos más cerca de nosotros.

Los primeros testigos de nuestras alegrías y de nuestras sonrisas debieran ser los de casa, los que nos tienen todos los días a su lado.

El primer testigo de mi buen humor debiera ser la esposa o el esposo y, por qué no, los hijos también.

Los papás se equivocan cuando piensan que a los hijos hay que mostrarles seriedad para que así obedezcan. ¿No crees que la alegría y el buen humor son la mejor fuente de obediencia?

Siempre me ha extrañado que cuando una esposa se va a pintar al espejo todo el mundo le tenga que preguntar: ¿qué, vas a salir? ¿Es que sólo tiene que arreglarse para salir? ¿Es que no puede ponerse guapa para ella misma y para consumo interno de la familia? ¡Me estoy arreglando para casa, para estar en casa! ¡Me estoy arreglando para vosotros!

Claro que por ese mismo motivo recibimos tan pocos piropos en casa. ¿No te parece que en vez de esos piropos que recibimos fuera, mejor si nos los regalasen en casa? ¡Qué guapa estás, qué hermosa se te ve! Sí, yo estoy convencido de que los piropos no deben ser sólo moneda de la calle. También suelen ser sabrosos en casa.

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