Marcados por la Resurrección

Resucitó 6En cada Eucaristía nos abrimos a la presencia resucitada de Jesucristo. Hoy lo hacemos con más decisión y alegría. Puede que nuestras puertas estén cerradas, como las del Cenáculo en aquel día pascual. Pero Cristo se hace presente de nuevo en medio de nosotros.
Desde la pobreza y humildad. Cristo resucitado, a pesar de su triunfo trascendental, es humilde y se manifiesta humildemente. Gracias, Jesús, porque no nos apabullas. Actúas desde muy dentro en ambientes de amistad.
Nosotros no somos mejores que los primeros discípulos. Ellos, con sus miedos y con sus dudas, nosotros con nuestros miedos y nuestras dudas. Ellos con sus bloqueos y sus ruindades, nosotros con nuestros bloqueos y debilidades. Ellos con sus cegueras y sus torpezas, nosotros con nuestras cegueras y nuestras ignorancias y nuestras caídas y nuestros fallos.
Pero ellos se abrieron a Cristo con alegría inmensa y se dejaron transformar. Nosotros también queremos abrimos a Cristo iluminador y ojalá nos dejemos transformar.
Jesús se hace presente. Es por pura benevolencia, es porque somos sus amigos y quiere compartir con nosotros sus secretos y hacemos partícipes de su vida nueva.

Experimentar su presencia. Jesús no está en el sepulcro ni en la antigua Jerusalén. Jesús está aquí. Jesús está aquí, ahora, en medio de nosotros. Nos quita los miedos, nos da su paz, nos enseña sus llagas y nos parte el pan.

Experimentar su presencia. Jesús está resucitado y resucitando en nosotros. Sabemos que él nos está perdonando. Nos hace partícipes de su alegría.
Nos llenamos de confianza. Su aliento íntimo penetra en nosotros y sentimos la fuerza de su Espíritu. Es el principio de una vida nueva.
Experimentamos su presencia. Sentimos la necesidad de perdonarnos, de bendecirnos y querernos. Nos aceptamos como somos y compartimos lo que tenemos y lo que somos. Por encima de nuestras diferencias hay un misterio que nos une. Puede ser la Palabra, puede ser el pan, puede ser el Espíritu. En- tendemos los deseos de Jesús: Que todos sean uno.
Testigos de su presencia. El Señor resucitado nos ha pacificado y fortalecido para que vayamos a sembrar la paz y a fortalecer a los decaídos. El Señor ha encendido nuestro corazón para que podamos curar las cegueras del mundo. Nos ha dado las medicinas de su Espíritu para que recorramos los caminos del mundo como samaritanos compasivos y liberadores.

Por eso:
– Cada vez que reconoces tu pobreza, tu torpeza, tu opacidad, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que sientes su llamada y sales a su encuentro, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que abres tu corazón a su palabra, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que te reúnes con los hermanos para partir el pan, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que siembras la paz, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que sabes perdonar y compartir, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que ofreces tu mano al hermano, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que tocas con veneración las llagas de un pobre, Cristo está resucitando en ti. ;
– Cada vez que te acercas al pobre y te haces más pobre, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que levantas tu voz contra la mentira o la injusticia, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que liberas a un hermano de alguna muerte, Cristo está resucitando en ti.
– Cada vez que das vida y engendras vida, Cristo está resucitando en ti.
– Y cada vez que gastas por amor tu vida, Cristo está resucitando en ti.
Porque:
Donde hay vida, allí está Cristo.
Donde hay comunidad, allí está Cristo.
Donde hay libertad, allí está el Espíritu.
Donde hay paz, allí está el Espíritu.
Donde hay misericordia, allí está Dios. ,.,
Donde hay amor, allí está Dios.
Está Dios recreando y regalando.
Está el Espíritu liberando y vivificando.
Está Cristo compartiendo y resucitando.

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