Me duele…

Oveja perdida 3“Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil, también a estas las tengo que traer.” (Jn 10,11-18)

Hace algún tiempo vi un informativo en la TV sobre los pastores en las Bardenas de Navarra. Todo seco y polvo. Y se veía la cara de preocupación de los pastores conduciendo a sus rebaños por aquel desierto sin pasto.
Y me vino a la mente la imagen de la Iglesia de hoy “rebaño de Jesús”.

Una Iglesia en crisis. Y leía unas frases de Benedicto XVI que hablaba de cómo los números dicen poco hoy. Muchos siguen en la Iglesia, pero como si estuviesen en el subterráneo, ya que una es la Iglesia estructural y otra la vida de tantos bautizados que viven espiritualmente fuera de la Iglesia.

A ello se une la confesión de los Obispos en Aparecida (Brasil), que apuntan:

– “Problemas vivenciales”. ¿Nos está faltando vida?
– “Problemas pastorales”. ¿Está en crisis nuestra pastoral? ¿Quiénes son los responsables?
– “Problemas metodológicos”. ¿No sabemos acercarnos a ellos? ¿Vivimos mundos distintos?
– “No encontrar respuestas a sus aspiraciones”. ¿No sabremos actualizar el Evangelio y hacerle Palabra de Dios para hoy?

Mientras tanto:
Algunos nunca han pertenecido al rebaño.
Otros que sí han sido del rebaño ya no lo son.
Otros no encuentran pastos porque “nuestras Bardenas eclesiales están secas”?
¿No serán estas “las otras ovejas que tiene Jesús y que están fuera del rebaño, pero a las que es preciso atraer”?

Debo confesar que me duele:
Un hermano que no se siente a gusto en la Iglesia.
Un hermano que siente necesidad de buscar en otra parte.
Un hermano que no se siente alguien en la comunidad.
Un hermano que no se siente comunidad sino individuo.
Un hermano que busca y no encuentra.
Un hermano a quien Dios le habla y nosotros no se lo traducimos.
Un hermano a quien Dios ama y nosotros ni le conocemos.
Un hermano a quien Dios invita a casa y nosotros lo dejamos a la intemperie.
Un hermano que me dice que ha encontrado a Dios fuera de la Iglesia.
Y me duele porque, sin quitarle la responsabilidad que pueda tener, de alguna manera, es una acusación contra mí.
Y me duele porque no sé cuánto pueda tener yo de responsabilidad en su abandono.

Las cifras de los abandonos anuales de la Iglesia no son más que números.
Pero detrás de los cuales yo descubro que posiblemente son hermanos que yo mismo he bautizado o a quienes yo he hablado más de una vez.
Las cifras son algo más que matemáticas.
Aquí se trata de Evangelio.
Se trata de la Iglesia de Jesús.
Se trata de hermanos míos que ahora dicen que ya no lo son.

Jesús dice que las “ovejas atienden a la voz del pastor….. que éste camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirían”.

Confieso que este texto me ha hecho daño.

Leyendo el texto, como pastor, surgen una serie de interrogantes. Lo primero que uno se pregunta es: “¿realmente atienden mi voz?”, “¿camino delante de ellas?”, “y ellas me siguen porque conocen mi voz?”. “A un extraño no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

¿Qué le está faltando a nuestra voz para que ya no la reconozcan?
¿Qué le está faltando a nuestra predicación para que no responda a sus interrogantes e inquietudes?
¿Qué le está faltando a nuestras Diócesis o Parroquias para que no encuentren en ellas vida?
¿Será que nuestros fieles no se sienten llamados por su nombre, y por tanto se sienten anónimos en una Iglesia anónima?
¿Será que ni se sienten conocidos ni nos conocen porque vivimos lejos de ellos?
Y aquí las preguntas pueden seguir. Y pueden seguir porque lo más fácil es culpar a los que se alejan de la Iglesia. Y lo difícil es reconocer que se nos van porque no les decimos nada ni encuentran vida en nosotros.
¿Tendremos que seguir con este estilo de vida parroquial más geográfico que relacional y personal?
¿Tendremos que seguir esperándolos a que ellos vengan en vez de ir a buscarlos?
¿Tendremos que seguir saludándolos cada domingo desde lejos, con un simple “El Señor esté con vosotros” pero sin que luego puedan estrechar nuestra mano ni nosotros la de ellos? ¿Y luego nos despidamos de ellos con un frío “Ite misa est”, “podéis ir en paz”, mientras nosotros nos retiramos a la sacristía?
¿Nuestras celebraciones no serán demasiado respetuosas con el misterio que celebramos, pero muy poco humanas con los que participan en ellas?
Está muy bien el respeto que se merece el misterio de Dios, pero ¿no merece un mayor acercamiento al misterio de nuestros hermanos los hombres y las mujeres de hoy?

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2 pensamientos sobre “Me duele…”

  1. Amo a mi Iglesia. Soy lauica Terciaria Carmelita, y su escrito ha calado mi corazon. Y aunque va dirigido a loa Pastores, pienso que de alguna forma todos somos Pastores. Estamos llamados a practicar la Misericordia como el buen Samaritano, y el egoismo, la indiferencia, la avaricia, y el yoismo nos consume. Apartamos las ovejas del redil end vez de atraerlas con amor y sinceridad. El sol sale para todos, Dios nos Ama a todos. Tambien a los hermanos esperados que estan en otro redil.

  2. Amigo y hno. Juan, con el corazón en la mano, no creo que tengamos que sentirnos culpables por la situacción de sequía espiritual que vivimos hoy. Yo, desde mi sencilla y cotidiana vida, creo que si cada uno de los que nos llamamos bautizados, alimentásemos nuestra vida con Jesús y los amigos de Jesús, otro gallo cantaría.
    Yo he vivido y sigo viviendo a la Iglesia como iglesia de comunión, lo mismo que vivimos la experiencia familiar y unos somos más familiares que otros. La diferencia es que tenemos que abrirnos con sencillez y acoger el Don de la Fe, así el camino cambia.
    Otro factor es que en la Escuela no se valora la asignatura y muchos docentes hacen caso omiso. Se de buena tinta por amigos míos católicos que les han parado los pies por ser testigos de su vida de Fe que es transversal y llenan sus vidas… Nos tenemos que tragar el Hallowin, el carnaval, pero hacemos daño a nuestros niños y jóvenes si les formamos en el estudio de la Religión, si les hablamos de Santa Teresa… etc
    Por esa regla de tres: que haga el deporte quien quiera, lo mismo con las manualidades y demás disciplinas… Si para unas cosas se pone mucho empeño, también para la asignatura de Religión que tiene que ser Evaluable, con cierta dignidad y si seguimos así nos vamos a los representantes políticos. No me duele en prenda decir: La Iglesia, de quien me siento parte viva, sigue siendo la Casa común que nos acoge a todos y no mira los orígenes. El Espíritu sigue Vivo y por debajo somos muchos los que sin hacer ruido, experimentamos aliento y vida en los días de Luz y de oscuridad. ¡Gracias Jesús!

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