Mohamed Al-Fassi, millonario pero triste

Querida Familia:

Esto lo leí en un recorte de periódico, y que aún conservo desde hace ya varios años. Quiero extractarlo sin que se pierda nada. Aquí todo es aprovechable.

Mohamed Al-Fassi es uno de esos hombres que dan envidia a medio mundo, y traen loca a la otra mitad. Dicen que su fortuna oscila, por decir algo, en los seis mil millones de dólares. Bueno, no me pregunten cuántos euros o pesetas son, porque creo que son todos.
En su vida es capaz de satisfacer hasta sus más mínimos antojos. Por si alguien se anima, dicen que tiene:
Tres Jet Boeing 707.
Varios Rolls Royce.
Yates, Veleros
Y para colmo, tiene 27 años. ¿Te imaginas? Bueno, eso los tenía cuando yo recorté el periódico. Si mal no recuerdo hace ya algún tiempo. Mi pobre recorte está ya amarillo.
A los 20 años se casó con Dena, que tenía sólo quince años. Pura primavera en flor.
Se compró una casita valorada solamente en dos millones cuatrocientos mil dólares.
E invirtió más del doble en ornamentarla. Cinco millones solamente.

Pero, aquel matrimonio no duró. Se divorció.
Así, se volvió a casar con Victoria Fossa. Un matrimonio que tampoco duró.
Y se casó por tercera vez con la bella Aptissam.

Que conste que no dispongo de datos posteriores sobre la suerte de sus matrimonios.
Los gastos mensuales en Hoteles, se calculan también con cifras que mejor no las decimos para que no nos dé envidia.
¿Te das cuenta de lo maravilloso que tiene que ser vivir con el Señor Mohamed Al-Fossi?

Sin embargo, decía el periodista de mi recorte que:
Es un hombre triste, taciturno, aislado, solitario y amargado.
¿Alguien lo puede creer?
¿Quién puede creer que un hombre con tantos milloncetes en el Banco tiene que ser un hombre triste, callado, aislado y amargado?
Se ve que tampoco los dólares hacen la felicidad del corazón humano.

La riqueza es cosa buena. Y el que diga lo contrario, mejor se calla.
Y decimos que es buena. No decimos que la riqueza haga a uno feliz.
Ni decimos que la riqueza garantice el éxito del matrimonio.
Ni decimos que la riqueza garantice el triunfo del amor.
Se ve que el corazón humano necesita algo más que dólares, aviones, yates, casas millonarias para ser feliz.

Las Bienaventuranzas de Jesús no son la negación de la riqueza. Pero sí la confirmación de que el corazón humano es más grande que todas las riquezas.
El corazón humano tiene una capacidad tal, que puede albergar todas las riquezas y aún así sentirse vacío.
El corazón humano, el tuyo y el mío, ansía acumular riquezas y más riquezas, pero nunca pueden llenar del todo su vacío. Sigue preguntando ¿y no queda más?
Y es una gracia de Dios que siga aspirando a más. Porque sólo entonces no se deja anestesiar por el cúmulo de cosas.

Es que, no es el “tener” lo que realmente hace feliz al corazón humano.
Y no es que queramos caer en la apatía de la vida. El hombre para vivir y vivir dignamente necesita de cosas. Eso es evidente.
La familia para vivir necesita disponer de lo necesario.
Pero “no sólo de dólares vive el hombre”.
Y “no sólo de aviones y yates vive el hombre”.
Dios nos ha dado un corazón tan inmenso que sólo el corazón de Dios es capaz de llenarlo.
Dios nos ha dado un corazón con tal capacidad dentro, que sólo Dios puede llenarlo.

¿Se lo preguntamos a Mohamed Al-Fassi?

Tiene tantas cosas que, ya ninguna le despierta la ilusión.
¡Qué maravilloso es ver a un niño jugando con una muñeca de trapo!

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