Navi-dad

Si tu ya vives tu Navi-DAD, refuérzala, si no, reflexiona…
Andamos igual que la loca del cuento. Lloraba cada vez que en el pueblo había una muerte; pero jamás preguntaba quién había sido el muerto. Le interesaba la muerte abstracta, sin nombre ni rostro, la pura neutralidad del hecho.
Así nosotros. Celebramos cada año un nacimiento o más bien, la abstracción de un nacimiento, puesto que poco o nada nos interesa el recién nacido. Hemos llegado los cristianos a la incongruencia de conmemorar la navidad de Cristo pero sin Cristo.
Pusimos tantas envolturas y artificios sobre la cuna, que se nos veló el rostro del que nacía. Nos quedó la cáscara, se perdió la almendra.
La navidad es una y sola. El hecho de que Dios, decidido a hacerse hombre, nació de mujer en la pobreza y en la humillación; el ingreso de Dios en nuestra propia historia, la esperanza de salvación para los pecadores. Todos.
Frente a esta Navidad mayúscula, que es la única y la verdadera, han surgido otras navidades con minúscula, caricaturas y sucedáneos, pequeñas trampas con que un mundo materialista hasta el tuétano, sustituye la fe por el placer; la esperanza, por el dinero, la adoración de Dios por la adoración del hombre.
Por ejemplo…
LA NAVIDAD GASTRONÓMICA. El pavo al horno, los turrones y el champán. Belén es una cena de medianoche, el banquetazo del año, los manteles largos, los estómagos hastiados. Claro que el hambre en el mundo nada tiene que ver con Belén.
LA NAVIDAD POSTAL. El recuerdo de los amigos que olvidamos 364 días del año. Metros y metros cúbicos de correspondencia atascados en las oficinas de correo. La feria de las tarjetas deliciosamente cursis. Y una frase gastada y sin lenguaje: Feliz Navidad.
LA NAVIDAD TURÍSTICA. No la de convivencia familiar sino el viaje apresurado a donde sea para “divertirnos” al tiempo que nos evadimos de lo cotidiano. Y tener una buena respuesta a la pregunta: ¿Adónde fuiste esta Navidad? Cuando la pregunta debería ser ¿Cómo viviste esta Navidad?
LA NAVIDAD CONSUMISTA. Desde los niños que valoran la celebración religiosa por los juguetes que reciben, hasta los adultos que juegan, también ellos, a obsequiar para que obsequien. Bienvenida la fiesta litúrgica si deja una caja de bombones, una colonia donde sea menos en tu país de origen y un cheque al portador.
LA NAVIDAD DE MUCHO MUNDO. El night club para el jet-set. La boitede-nuit para el playboy y sus aprendices. Con motivo de la Navidad de Cristo hemos contratado las mejores orquestas. Baile usted en nuestra pista de cristal. Se obsequian serpentinas, globos y confeti.
LA NAVIDAD FOLKLÓRICA. Adornar por adornar no importando el costo de las cosas, casi en competencia por tener lo más novedoso. Olvidamos que el pino, el nacimiento y los adornos tienen un sentido cristiano profundo, de gran recuerdo y enseñanza que nada tiene que ver con su apariencia y valor económico.
LA NAVIDAD ESPUMOSAMENTE PIADOSA. De cristianismo estilizado, de piedad epidérmica, de religiosidad incomprometida, sin que se lleve a la acción. Demasiado lírica y empalagosa. La historia es más dura y redentora: un Dios nacido voluntariamente pobre, desplazado y sufriente, exigiendo a los hombres la renuncia de toda soberbia, la renovación del hombre y del mundo.
Ayer, como hoy, sigue siendo válido la nostalgia navideña de Juan en su Evangelio: “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron».
Sólo hay una Navidad digna del nombre: la que conjuga el verbo dar. Lo conjugó el Padre: nos DIO a su HIJO unigénito. Lo conjugó la Madre: María DIO a luz a su primogénito para que fuera nuestra luz Y lo hemos de conjugar nosotros compartiendo con los hermanos el pan y el consuelo, la ayuda y el amor.
Navidad tiene una extraña etimología de irradiación social, procede de la más profunda raíz cristiana: NAVI-DAD : IMPERATIVO DEL VERBO DAR.

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